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Solidaridad o complicidad: El doble discurso frente a Cuba

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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- Claudia Sheinbaum, Ud es cómplice del genocidio en Cuba. ¡Quítese la careta!

Lo que se pretende presentar como un acto de solidaridad no resiste el más mínimo análisis moral ni político. No señora presidenta, no se trata de ayuda al pueblo cubano; se trata de sostener, de manera consciente, a un aparato de poder que ha demostrado durante décadas su desprecio por la libertad, la dignidad humana y el bienestar de su propia gente.

Usted no actúa desde la ingenuidad, actúa desde la complicidad. Sabe perfectamente que cada recurso enviado no llega a las manos del ciudadano cubano de a pie, sino que se diluye en las estructuras de control de un régimen que ha perfeccionado el arte de sobrevivir a costa del sufrimiento de su pueblo. Lo sabe, y aun así insiste. Ese es el punto central de la acusación: no es error, es voluntad.

Su discurso intenta revestirse de humanismo, pero sus actos revelan otra cosa: una afinidad ideológica que la lleva a respaldar lo indefendible. Porque no es posible ignorar la realidad cubana sin hacerlo de manera deliberada. No es posible hablar de ayuda mientras se legitima a quienes han convertido una nación en ruina económica y prisión política.

El lado equivocado

Y mientras tanto, su propio país enfrenta profundas desigualdades. Regiones enteras de México continúan atrapadas en la pobreza estructural, en la inseguridad y en el abandono estatal. ¿Con qué autoridad moral se desvía ayuda hacia un régimen extranjero cuando millones de sus propios ciudadanos esperan respuestas? ¿Con qué legitimidad se prioriza la afinidad ideológica por encima de las necesidades reales de su nación?

El problema no es solo político, es ético. Porque gobernar implica responsabilidad, implica decoro, implica una mínima coherencia entre el discurso y la realidad. Y en este caso, esa coherencia se ha quebrado.

La historia es implacable con quienes, teniendo claridad, eligen el lado equivocado. No bastará mañana alegar buenas intenciones. No bastará invocar la solidaridad como excusa. Los hechos quedarán: Usted decidió respaldar a quienes oprimen, en lugar de solidarizarse verdaderamente con quienes sufren.

El pueblo cubano, ese que resiste, que sobrevive, que hoy padece, sabrá distinguir entre la ayuda genuina y la complicidad disfrazada. Y su propio pueblo, el mexicano, también observa. Observa y juzga.

Aún está a tiempo de rectificar. Pero cada día que pasa sin hacerlo, convierte esa decisión en algo más grave: En una postura consciente, sostenida y moralmente indefendible.

Respétese. Su pueblo y el mio lo exige !!!

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