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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- Soñé que estaba cara a cara con el singao, no, no fue una pesadilla, fue un sueño de justicia, porque le dije muchas cosas…

Pero hay que ser cara dura, Díaz-Canel, hay que ser bien carepalo, para pararte ahí, con esa parsimonia, a decirnos que ahora están adoptando «modalidades de negocio diferentes» y que los cubanos en el exterior podemos ir a invertir y administrar hoteles. ¿Pero tú te estás escuchando so singao?

Hay que ser ciego o tomarnos por anormales para pretender que la gente que de verdad tiene capital, los dueños de los hoteles que se están yendo de Cuba porque destruyeron el país, miren tu «oferta» con seriedad. ¿Ahora pretendes que los cubanos que tu propio sistema expropió, humilló y obligó a salir con una mano dealante y otra detrás, regresen a salvarte el trasero?

Me pregunto HP: ¿Por qué ahora? (https://www.facebook.com/reel/4808540389374413) Ah, claro, porque tienen la soga al cuello. Si a nosotros, los cubanos de a pie, siempre nos vetaron de los hoteles. Antes no podíamos entrar ni con dinero en la mano porque el sátrapa de Fidel Castro decía que esos lugares eran exclusivos para la economía capitalista y extranjera, para los que manejaban divisas, no pesos cubanos porque el peso cubano no sirve para nada. Ustedes nunca han pensado en el cubano, y cuando lo hacen, solo incluyen a los que tienen dólares, y siempre terminan jodiendolos.

Llevan casi 68 años aplastando a cualquiera que intente prosperar dentro de la isla. Piensa en los campesinos: gente trabajadora que con disposición empezó a sembrar ajo, cebolla, arroz, frijoles, frutales, a levantar sus cabezas de ganado con la que producían leche y quesos. ¿Y qué hicieron ustedes? En cuanto asomaban la cabeza, en cuanto hacían un poquito de dinero y se compraban un carrito o una casita, les metían el «Plan Maceta» o el «Plan Pitirre» y se lo decomisaban todo, hasta a los artesanos que hacían los huaraches con tiras y suelas de neumático viejos.

Por eso están como están, por HP, por no haberle dado nunca la oportunidad al cubano de progresar en su tierra, de generar riqueza y empleo. Ahora andan de limosneros pidiendo migajas al mundo y rogándole a la misma diáspora que un día echaron. ¿Y encima pretendes que te agradezcamos el «permiso»? No jodas, Canel.

Si de verdad quieres hablar de «apertura» y de «negocios con los cubanos», empieza por hacer justicia real con lo que se robaron. Te propongo algo muy concreto, Díaz-Canel: empieza por devolver el hotel que hoy conocen como «Habana Libre». Ese edificio no se construyó con el dinero de ninguna de tus asambleas ni de tu cúpula; fue financiado y edificado por la «Caja de Retiro y Asistencia Social de los Trabajadores Gastronómicos de Cuba».

El gremio usó los fondos de sus propias pensiones y jubilaciones para levantar esa obra. Esos son los verdaderos dueños y constructores: los trabajadores cubanos a los que les expropiaron su futuro. Si tantas ganas tienes de cambiar, ¡empiecen por devolvérselo a ellos!. Hoy seguramente muchos de esos trabajadores que invirtieron para asegurarse su futuro, probablemente estén comiendo de los latones de basura, porque ustedes le robaron el futuro so singa’o

Nota: Para ser sincero, yo no sabía que el hotel que hoy llaman Habana Libre (el antiguo Habana Hilton) no se construyó con capital de la corporación estadounidense Hilton. La realidad es que se financió por completo con el dinero de las pensiones y jubilaciones de los trabajadores gastronómicos cubanos. El hotel abrió sus puertas apenas unos meses antes de que la dictadura lo expropiara, y de hecho, Fidel Castro instaló allí mismo su cuartel general y su primera residencia después de robárselo a los trabajadores.

Le agradezco enormemente a mi amigo Jr. por hacerme esta aclaración justo ayer, mientras analizábamos los suplicios y el descaro de Miguel Díaz-Canel pidiéndole al exilio que vaya a invertir para salvar el trasero de la dictadura. Hasta ayer, yo pensaba que ese hotel pertenecía originalmente a la cadena hotelera Hilton; es increíble cómo nos ocultaron y nos tergiversaron nuestra propia historia.

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