El tapón amarillo que cambió la fórmula secreta

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- El tapón amarillo no anuncia un nuevo sabor. Señala que esa botella ha sido preparada para cumplir unas reglas alimentarias más estrictas que las del resto del año. Durante las semanas previas a la Pascua judía, la Coca-Cola cambia su tapón rojo por uno amarillo con el símbolo OU-P. Significa que es apta para Pésaj. Y la diferencia no es menor: un alimento puede ser kosher todo el año y, aun así, no ser apto para esta celebración.

Durante Pésaj, el jametz —productos fermentados de trigo, cebada, centeno, avena o espelta— está prohibido. Además, los judíos asquenazíes evitan los kitniyot, una categoría que incluye maíz, arroz y legumbres. El maíz, que no es jametz, se excluye por una tradición adicional. Y ese maíz es justo lo que endulza la Coca-Cola regular estadounidense, a través del jarabe de maíz de alta fructosa. Para la edición de Pésaj, lo sustituyen por sacarosa de caña o remolacha. Por eso muchos buscan las botellas amarillas aunque no celebren la festividad: dicen que el azúcar sabe mejor.

No es marketing

El tapón amarillo no nació como una estrategia de marketing. Detrás hay una historia que comenzó en la década de 1930, cuando un rabino de Atlanta llamado Tuvia Geffen se propuso averiguar si la Coca-Cola podía ser kosher. La compañía le permitió conocer la lista de ingredientes bajo estricto secreto. No le revelaron las proporciones exactas, pero Geffen encontró varios problemas: glicerina de origen animal que no era kosher y sustancias derivadas de cereales que no eran aptas para Pésaj.

Geffen no se limitó a prohibir la bebida. Trabajó con la compañía para encontrar alternativas. La glicerina animal fue reemplazada por una vegetal, y para la producción de Pascua se usaron azúcares adecuados en lugar de ingredientes de cereales. En 1935, Geffen autorizó la Coca-Cola reformulada. Y así, una bebida que era un símbolo de la vida estadounidense pudo entrar también en los hogares judíos observantes sin violar sus normas religiosas.

Décadas después, cuando el jarabe de maíz se convirtió en el endulzante principal en Estados Unidos, la producción especial con azúcar mantuvo su utilidad para quienes evitan el maíz durante la festividad. El color amarillo facilita identificar esas botellas entre miles. Pero la verdadera garantía no es el color, sino el símbolo de certificación. La pequeña tapa amarilla cuenta una historia mucho más grande: la de una tradición religiosa milenaria que entró en una fábrica moderna, examinó una fórmula secreta y logró que una de las compañías más poderosas del mundo modificara su producción. Y todo por un tapón.

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