
Pericles: Biografía de El Olímpico
El niño de la familia maldita
Pericles nació en el Ática alrededor del año 495 a.C., en la casa solariega que su familia poseía en el demo de Colargo, al noroeste de Atenas. Por parte de ambos progenitores pertenecía a la más antigua aristocracia ateniense. Su madre, Agariste, era sobrina del gran reformador Clístenes y formaba parte de la influyente familia de los Alcmeónidas. Su padre, Jantipo, vencedor en la batalla de Mícale y conquistador de Sesto, descendía de otra familia noble, los Buciges.
Poco sabemos de su infancia y adolescencia. Pericles parece haber recibido una formación que estaba por encima de lo que era norma incluso entre la propia aristocracia ateniense. Pero su niñez no fue fácil. Vivió una infancia marcada por el destierro de su padre y el desprestigio de su familia materna, acusada de traición. Su tío Megacles fue condenado al ostracismo en el 486 a.C., y Jantipo también fue ostraquizado en el 484 a.C., regresando a Atenas en el 480 a.C..

Aquellos años de exilio y vergüenza familiar marcaron profundamente al joven Pericles. Su juventud transcurrió en el exilio mientras los persas destrozaban su polis, y cuando regresó a Atenas, la ciudad había sido arrasada hasta la última piedra. Ni siquiera la paz cambió su suerte: su padre murió y Pericles vivió la larga posguerra a la sombra de los grandes políticos que intentaban dominar la Asamblea.
La educación de un futuro líder
Pericles recibió la mejor educación que su época podía ofrecer. Su principal maestro fue el músico Damón, cuyas enseñanzas transcendían ampliamente lo que entendemos por educación musical y estaban más próximas a lo que llamamos una formación humanística, que comprendía música y lira y también armonía y ritmo, amor a la belleza y al bien, filosofía y política. En la madurez de Pericles, Damón fue uno de sus consejeros principales e inspiró varias de las medidas políticas que introduciría, como la mistoforía, el pago de un misthos, una indemnización, a quien participara en la vida pública.

Pericles se relacionó también con Zenón de Elea, un filósofo que se preocupaba de los fenómenos físicos y de los problemas del movimiento y que enseñaba, además, el arte de la retórica y el razonamiento. Estuvo vinculado a Anaxágoras de Clazómenas, otro filósofo dedicado a la investigación de los sucesos físicos, y frecuentó a Protágoras de Abdera, un sofista que centraba sus investigaciones en el hombre como ser social y su relación con las leyes.
Pericles mantuvo también amistad con otros genios que contribuyeron al esplendor de Atenas: Fidias, Heródoto, Esquilo y Sófocles. Particularmente estrecha fue su relación con la que habría de ser su segunda esposa, Aspasia de Mileto, una atrayente mujer que dirigía lo que podríamos llamar un salón de discusión y de debate político y filosófico. Se aficionó a la música, el teatro, la escultura y la filosofía y se convirtió en un mecenas de las artes.
El ascenso al poder
Ascender en el escalafón político de su ciudad no fue fácil para Pericles. Hubiese sido uno más en las filas de su partido, pero un asesinato le obligó a dar un paso al frente, y una mujer extranjera cambió su vida personal para siempre. En su juventud se distinguió en el campo de batalla, pero evitaba la política, temiendo, se decía, las sospechas que podrían excitar en la plebe no solo su riqueza, alto nacimiento y poderosos amigos, sino su llamativo parecido con el tirano Pisístrato, que los ancianos trazaban en su apariencia personal, su voz musical y su fluida oratoria.
Pero cuando el destierro de Temístocles y la muerte de Arístides despejaron un tanto el escenario político, Pericles se presentó como campeón del partido democrático o progresista, en oposición a Cimón, el líder del partido aristocrático o conservador. Pericles inició su carrera política dentro del partido democrático de Efialtes y, cuando este fue asesinado en el 461 a.C., asumió su dirección e hizo aprobar por la Asamblea de Atenas una serie de reformas que acentuaban el carácter democrático del Estado ateniense, a pesar de la oposición de la oligarquía.

En 451 a.C., Pericles introdujo una nueva ley de ciudadanía que impedía que el hijo de un padre ateniense y una madre no ateniense se convirtiera en ciudadano pleno. El efecto principal de la ley fue frenar el poder de los aristócratas, ya que si sus herederos no podían ser legalmente reconocidos, no podían forjar alianzas con aristócratas de otras ciudades. Irónicamente, tendría consecuencias importantes para la propia vida privada de Pericles. Pocos años después, Pericles se divorció de su esposa y comenzó a vivir con una bella cortesana extranjera llamada Aspasia, descrita por Sócrates como una de las mujeres más inteligentes y ingeniosas de su tiempo.
Nombrado estratego o jefe militar en el 454 a.C., Pericles consolidó la posición hegemónica de Atenas en la Liga de Delos. Fue elegido año tras año para servir como strategos o general; en una ocasión, fue elegido durante 14 años consecutivos. Aunque era uno de diez generales, era considerado su líder no oficial, ya que sus colegas tenían un gran respeto por él debido a su éxito militar.
Los caprichos del Olímpico
Los enemigos de Pericles lo apodaron «el Olímpico», una burla que aludía a su aire de superioridad y a su elocuencia, que se decía semejante al trueno y al rayo. Pero el apodo también reflejaba algo real: Pericles era un hombre reservado, estudioso, que rara vez aceptaba invitaciones a cenar y que nunca se le veía caminando excepto entre su casa y la asamblea popular y el senado. Administraba su patrimonio y regulaba sus asuntos domésticos con rígida economía para escapar tanto de la tentación como de la sospecha de enriquecerse a expensas del erario público.

Su relación con Aspasia fue uno de sus mayores «caprichos» a ojos de la sociedad ateniense. Aunque no podía casarse legalmente con ella debido a la ley que él mismo había impulsado, vivieron juntos unos treinta años y tuvieron un hijo, Pericles el Joven. La relación escandalizó a la sociedad educada, especialmente porque permanecieron sin casarse y Pericles la trataba como a una igual, una acción casi impensable para la mayoría de los griegos. Aunque Pericles se convirtió en blanco de chistes viciosos sobre su vida privada, en el cargo público era conocido por su incorruptibilidad y su negativa a aceptar regalos de otros aristócratas, como era costumbre habitual.

Ión de Quíos, que recordaba con gusto una cena con Sófocles, encontró que Pericles era un comensal aburrido y arrogante. Los poetas cómicos lo acusaron de servirse del esfuerzo constructivo para sus propios fines, en este caso, lascivos. Pero más allá de las habladurías, Pericles mantuvo una dignidad y una reserva que, combinadas con su elocuencia, sagacidad, honradez y patriotismo, le granjearon el reconocimiento de la mayoría de los atenienses.
El Siglo de Oro de Atenas
El período de gobierno de Pericles se conoce como el Siglo de Oro de Atenas o el Siglo de Pericles, y con razón. Pericles fue el artífice del levantamiento de la Acrópolis de Atenas, incluyendo el Partenón. También se le conoce como uno de los políticos que sentaron las bases para la democracia en Grecia. Bajo su gobierno, Atenas se convirtió en el centro de la actividad cultural del mundo antiguo.
Pericles fue instrumental en fortalecer y extender el Imperio ateniense. Originó un importante programa de construcción, cuya joya fue el Partenón, el templo que dominaba la Acrópolis. Para combatir el desempleo y la superpoblación recurrió a una imponente campaña de obras públicas: el perfeccionamiento del Pireo, la renovación de la Acrópolis, la construcción del puerto militar de Zea. Reservó a los atenienses los puestos en la flota de la Liga. Hizo construir además el Odeón, un edificio destinado al canto.

Entre sus actos públicos deben citarse la distribución de tierras conquistadas entre los ciudadanos más pobres, la construcción de los Muros Largos que unían Atenas con el Pireo y Falero, el desarrollo de la armada ateniense y el aumento del ejército defensivo nacional. Pericles añadió además a su gloria su protección de las letras. Se preocupó por transformar la ciudad en una fortaleza inexpugnable. Cultor de las artes, Pericles hizo de Atenas la verdadera capital cultural de Grecia. En su época florecieron Eurípides, Aristófanes, Tucídides, Anaxágoras y Protágoras.
Pericles también introdujo el pago a los jurados y, como había seis mil de ellos designados anualmente para el servicio, de los cuales una gran parte se sentaba diariamente, el desembolso del tesoro era grande, mientras que los pobres y ociosos eran alentados a vivir a expensas públicas. Instituyó el pago de los ciudadanos por el servicio militar, una medida sin la cual los atenienses probablemente no habrían prolongado la Guerra del Peloponeso como lo hicieron. Creó el llamado «dinero teatral», que consistía en el pago de las entradas al teatro, e instauró el sufragio universal.

La guerra y la peste
Cuando el espectro de la guerra con los peloponesios amenazó en la década de 430 a.C., Pericles se determinó a resistir sus demandas. Después de que estalló la Guerra del Peloponeso, persuadió a los atenienses de abandonar el campo cuando los espartanos invadieron y de confiar en su flota. Durante el primer año de la guerra, Pericles se encargó del tradicional homenaje a los caídos en combate, pronunciando el epitafio destinado a honrar su memoria, justificar su sacrificio y consolar a sus familias. El de Pericles ha sido calificado como «el discurso fúnebre más célebre de todos los tiempos» y ha servido de modelo a otros muchos en época moderna.

Pero la guerra trajo consigo la peste. Una epidemia devastó Atenas y se llevó por delante a Pericles. La peste le había arrebatado sus hijos, su hermana, a muchos de sus parientes y amigos, y él mismo la llevaba en el corazón. Pericles fue testigo de la muerte en la epidemia de sus dos hijos legítimos, Jantipo y Paralos. Él mismo murió por causa de la epidemia en otoño de 429 a.C..
Pericles fue privado del mando y se le impuso una multa durante la crisis. Sin embargo, fue reelegido al año siguiente como general, pero murió de la peste poco después. Tenía alrededor de sesenta y cinco años. Su muerte fue un desastre para Atenas, puesto que sus sucesores fueron inferiores a él.
El legado del Olímpico
La muerte de Pericles marcó un punto de inflexión en la historia de Atenas. Tucídides describe el «reinado» de Pericles como una clara línea divisoria entre una comunidad liderada por una élite virtuosa y una ciudad democrática abandonada a manos de los kakoi, los demagogos despreciables. Después de su muerte, que fue a los dos años y medio de comenzada la guerra, se conoció mucho mejor su saber y su prudencia, porque siempre les dijo que alcanzarían la victoria en aquella lucha si se guardaban de poner la ciudad en peligro, todo lo cual hicieron al contrario después de su muerte.

Indudablemente la figura más importante en la historia de la democracia ateniense, Pericles sin embargo sufre una especie de mitologización. A menudo parece una especie de portavoz incorpóreo de los valores democráticos. En su famosa Oración Fúnebre, Pericles llamó a Atenas «la escuela de Hellas» y se jactó con más orgullo que de ninguna otra cosa del hecho de que Atenas hubiera encontrado en mayor medida que ningún otro estado el secreto de permitir a sus ciudadanos combinar el cuidado de sus asuntos privados con la participación en la vida pública.
Pericles proclama la democracia como el gobierno de todo el pueblo. La democracia de la antigua Atenas, afirma, implica igualdad ante la ley, la elección de personas para cargos por razones de capacidad y tolerancia hacia las diferencias de los ciudadanos en su vida privada. Finalmente, Pericles sonó el tema de la autonomía, un hilo central del pensamiento democrático. Es a él a quien debemos esta experiencia política original —la democracia— erigida hoy en modelo de gobierno por los países más poderosos, y el excepcional florecimiento artístico y literario —la construcción de la Acrópolis—.

Las cinco preguntas más comunes sobre Pericles
1. ¿Quién fue Pericles y por qué es tan importante?
Pericles fue el líder ateniense más destacado de mediados y finales del siglo V a.C., un período conocido como el Siglo de Oro de Atenas. Fue un político, orador y general que dominó la vida pública ateniense durante más de tres décadas. Bajo su liderazgo, Atenas se convirtió en el centro político y cultural de Grecia, se construyó el Partenón y la democracia ateniense alcanzó su máxima expresión.
2. ¿Qué fue el Siglo de Oro de Atenas?
El Siglo de Oro de Atenas fue el período de mayor esplendor cultural, político y económico de la ciudad, que coincidió en gran medida con el gobierno de Pericles. Durante esta era florecieron las artes, la filosofía, el teatro y la democracia. Se construyeron monumentos como el Partenón, los Propileos y el Odeón, y vivieron figuras como Sófocles, Eurípides, Sócrates, Anaxágoras y Fidias.

3. ¿Cuál fue la relación de Pericles con Aspasia?
Aspasia de Mileto fue la compañera sentimental de Pericles durante unos treinta años. Era una mujer extranjera, culta y brillante, que dirigía un salón de debate político y filosófico. Debido a la ley de ciudadanía que el propio Pericles había impulsado en 451 a.C., no podían casarse legalmente, pero vivieron juntos y tuvieron un hijo, Pericles el Joven. Su relación escandalizó a la sociedad ateniense, pero Pericles la trató siempre como a una igual.

4. ¿Cómo murió Pericles?
Pericles murió en otoño de 429 a.C. durante la peste que asoló Atenas en los primeros años de la Guerra del Peloponeso. La epidemia le había arrebatado a sus dos hijos legítimos, Jantipo y Paralos, y a muchos de sus parientes y amigos. Él mismo contrajo la enfermedad y falleció a los aproximadamente sesenta y cinco años. Su muerte marcó el fin de la hegemonía ateniense y el inicio de un período de declive.
5. ¿Cuál fue el legado de Pericles?
El legado de Pericles es inmenso. Consolidó la democracia ateniense, extendió el Imperio ateniense, embelleció la Acrópolis con obras maestras como el Partenón y convirtió Atenas en el centro cultural del mundo griego. Su Oración Fúnebre es considerada el discurso más célebre de la antigüedad y un modelo de defensa de los valores democráticos. Tucídides lo consideró el líder que marcó la diferencia entre una Atenas virtuosa y la demagogia que le siguió. Su figura sigue siendo símbolo de liderazgo ilustrado y de excelencia política y cultural.



















