Rita, la otra mitad del mito

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- La fotografía no muestra a una leyenda. Muestra a un joven de 21 años, recién casado, que unos días después se iría a trabajar a una fábrica en Estados Unidos. El 10 de febrero de 1966, Bob Marley y Rita Anderson firmaron su matrimonio en la oficina de un juez de paz en Kingston. Ella tenía 19 años. Él ya cantaba con los Wailers, pero la fama internacional, los grandes escenarios y la imagen que recorrería el mundo todavía no existían. La foto es sencilla, sin multitudes ni reporteros. Solo dos jóvenes jamaicanos que aún no sabían que su historia cambiaría la música para siempre.

Se conocieron en Trench Town, en un estudio. Rita formaba parte de The Soulettes, un trío vocal femenino, y Bob comenzó a orientarlas. La relación musical se volvió personal. Rita ya era madre de una niña, Sharon, y una de las cosas que más la impresionó fue cómo Bob la trataba a ella y a su hija. No se enamoró de una estrella, porque la estrella no existía. Se enamoró de un músico que compartía lo poco que tenía y se tomaba en serio la responsabilidad de formar una familia.

La vida junto al mito

Poco después, Bob viajó a Delaware a trabajar en una fábrica. Usó el nombre Donald Marley para algunos empleos. Mientras él estaba en Estados Unidos, Haile Selassie visitó Jamaica. Rita estuvo allí, entre miles de rastafaris, y aquella experiencia la acercó a la fe que luego marcaría la música de Bob. Cuando él regresó, la transformación de Rita influyó en su propia espiritualidad. No fue una esposa pasiva: formó las I-Threes con Marcia Griffiths y Judy Mowatt, y sus voces se volvieron esenciales en el sonido de Bob Marley and the Wailers.

Pero la foto tampoco anuncia lo difícil que sería el matrimonio. La fama trajo largas ausencias, presión y las relaciones de Bob con otras mujeres. Rita siguió siendo su esposa, colaboradora y figura central, aunque esa permanencia tuvo un costo personal. En diciembre de 1976, ambos estaban en la casa de Kingston cuando hombres armados atacaron durante un ensayo. Una bala rozó la cabeza de Rita. Bob también resultó herido. Dos días después, él cantó frente a decenas de miles. Rita siguió a su lado.

Después de la muerte de Bob en 1981, ella organizó un legado rodeado de disputas. Convirtió la casa de Hope Road en el Museo Bob Marley, fortaleció Tuff Gong y desarrolló su propia trayectoria. Bob se convirtió en el rostro mundialmente reconocido. Pero Rita fue una de las personas que ayudó a construir el mundo que hizo posible aquel rostro. La foto no muestra al rey del reggae con su esposa. Muestra a dos jóvenes antes de que la fama, la espiritualidad, la violencia y la pérdida convirtieran su historia en algo mucho más complejo que un cuento de amor.

Rita era cubana

Alpharita Constantia Anderson, conocida mundialmente como Rita Marley, nació el 25 de julio de 1946 en Santiago de Cuba. Aunque existe cierta controversia sobre su lugar de nacimiento, se sabe que siendo muy pequeña se mudó con su familia a Jamaica, estableciéndose en el humilde barrio de Trench Town, en Kingston.

Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas; sus padres se separaron y ella quedó al cuidado de una tía paterna. A pesar de ello, creció en un entorno musical y desde joven mostró su talento, ganando un concurso de talentos en la radio.

La vida de Rita dio un giro cuando se convirtió en madre a los 18 años de su primera hija, Sharon. Para entonces, ya había dejado los estudios y trabajaba como enfermera. Sin embargo, su pasión por la música la llevó a formar parte del trío vocal The Soulettes, un camino que la pondría en contacto con Bob Marley.

Más allá de su vida junto a él, Rita forjó su propia carrera musical como miembro de las I Threes y, tras la muerte de Marley, se dedicó a preservar su legado y criar a sus hijos, con quienes formó una gran familia musical.

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