Los pantalones más cortos del Ártico

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Groenlandia. Frío de verdad. De ese que te cala hasta los huesos. Y resulta que los inuit del este, cuando estaban dentro de casa, se ponían unas prendas que hoy nos parecerían una broma: unos pantalones diminutos de piel de foca. Los llamaban naatsit. Y eran, básicamente, una banda alrededor de las caderas. Nada más.

Los usaban hombres y mujeres. Directamente sobre la piel. Como ropa interior. Tan cortos que algunos ejemplares que se conservan hoy parecen más un cinturón ancho que unos pantalones. Para los europeos que llegaron por allí, aquello era incomprensible. ¿Cómo se te ocurre andar casi desnudo en el Ártico? Pues porque dentro de casa no hacía frío. Hacía calor.

La cosa funcionaba así: fuera, la vestimenta inuit era una obra de ingeniería. Pantalones largos, anoraks, botas, pieles sobre pieles. Todo diseñado para aguantar temperaturas que pelan. Pero dentro de la vivienda, con la calefacción natural de la vida cotidiana, aquellas capas sobraban. Sudabas. Y sudar en el Ártico es un problema serio, porque cuando vuelves al exterior, la humedad atrapada junto al cuerpo se convierte en hielo. Y el hielo junto a la piel mata.

Los pantalones más cortos del Ártico

Así que la ropa inuit estaba pensada para ese equilibrio. La piel de foca es resistente y aísla menos que otras pieles. Los naatsit podían llevarse solos dentro de casa y, si el tiempo lo permitía, incluso cerca del asentamiento. La costumbre sobrevivió al contacto con los europeos. Un misionero en Ammassalik describió a finales del siglo XIX que las mujeres llevaban solo aquellos pantalones cortísimos dentro de las casas, mientras los hombres usaban algo más largo. Los intentos de imponer ropa interior europea de lino y más larga fracasaron.

Y no eran prendas descuidadas. Algunos naatsit se confeccionaban combinando pieles de distintos colores. Se decoraban con flecos o cuentas de vidrio. El Museo Nacional de Dinamarca conserva un ejemplar femenino de piel de foca recogido en Ammassalik durante la expedición de Carl Ryder en 1892. Una pieza de museo. Un pantalón casi inexistente.

Visto desde Europa, aquello parecía una excentricidad. Visto desde Groenlandia, era pura lógica. Cuando llegara el momento de volver al hielo, lo importante no era llevar encima toda la ropa posible. Era no llevar humedad. Y eso, en el Ártico, es la diferencia entre vivir y congelarse. Menos es más. Aunque duela.

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