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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- En una de sus intervenciones públicas, Miguel Díaz-Canel afirmó: «No nos proponemos con estas medidas restablecer el capitalismo en Cuba; son medidas para salvar la Revolución». Esta declaración sintetiza una de las principales contradicciones del modelo económico cubano contemporáneo.

Las 176 medidas aprobadas por la Asamblea Nacional introducen, en mayor o menor grado, mecanismos tradicionalmente asociados a economías de mercado. No es necesario enumerarlas una por una para comprender su significado, pues el debate no radica únicamente en el contenido de dichas medidas, sino en la contradicción conceptual que representan respecto al discurso oficial.

Desde una perspectiva económica, resulta difícil ignorar que numerosas reformas responden a la necesidad de flexibilizar un sistema altamente centralizado que, durante décadas, ha mostrado serias limitaciones para generar crecimiento sostenido, incrementar la productividad y satisfacer las necesidades básicas de la población. En este contexto, la incorporación de incentivos propios del mercado no constituye un cambio ideológico explícito, sino una respuesta pragmática a una crisis estructural.

Contrasye entre narrativa y práctica

El elemento más significativo es el contraste entre la narrativa política y la práctica gubernamental. Mientras el Estado insiste en que estas medidas no representan un retorno al capitalismo, las justifica como instrumentos indispensables para garantizar la supervivencia del sistema socialista. Desde el punto de vista del análisis político, esta postura evidencia una tensión permanente entre la preservación de la legitimidad ideológica y la necesidad de introducir reformas económicas incompatibles con los principios tradicionales de la planificación central absoluta.

La historia económica demuestra que diversos Estados socialistas han recurrido, en distintos momentos, a mecanismos de mercado para enfrentar períodos de estancamiento. Sin embargo, estas reformas suelen revelar una realidad fundamental: cuando un modelo requiere adoptar instrumentos pertenecientes al sistema que durante décadas ha cuestionado, inevitablemente surgen interrogantes sobre la viabilidad del diseño económico original.

Por otra parte, la permanencia del régimen cubano no puede explicarse exclusivamente desde el ámbito económico. La estabilidad política ha descansado, en buena medida, sobre una compleja estructura institucional de control social, político y de seguridad desarrollada durante más de seis décadas. Dicho aparato ha permitido mantener la continuidad del poder incluso en contextos de profundas crisis económicas, caracterizadas por el deterioro del nivel de vida, la emigración masiva y la disminución de la capacidad productiva nacional.

La dicotomía del socialismo con métodos capitalistas

Desde esta perspectiva, la principal contradicción no consiste en la adopción de mecanismos de mercado, sino en la negativa a reconocer públicamente que estos responden al agotamiento de un modelo económico incapaz de sostener, por sí mismo, el desarrollo del país. Si las herramientas asociadas al capitalismo se presentan como indispensables para preservar el socialismo, ello constituye, al menos desde un punto de vista analítico, una admisión implícita de las limitaciones estructurales del sistema vigente.

En consecuencia, el debate trasciende la naturaleza de las reformas específicas. La verdadera discusión gira en torno a una pregunta de fondo: ¿es posible preservar intacta una doctrina económica mientras se adoptan, de forma creciente, mecanismos concebidos precisamente para corregir las deficiencias que dicha doctrina ha generado? La respuesta a esta interrogante determinará no solo el futuro de la economía cubana, sino también la credibilidad del discurso político que ha sustentado al régimen durante más de seis décadas.

En síntesis: no se puede ser socialista, implementando métodos capitalistas, porque es imposible mezclar el aceite con el vinagre, a menos que quieras hacer mayonesa. Te faltarían los huevos Y eso no se consiguen en Cuba.

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