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Por Eduardo Díaz Delgado ()

Madrid.- ¿Tú sabes por qué en estos días gran parte de los cubanos le hemos quitado el pie al tema Cuba y le hemos puesto atención al tema Venezuela?

Porque mientras ellos se fajan con los militares de su asqueroso gobierno y desobedecen las órdenes de dejar morir a los suyos en esta tragedia, y una explosión social definitiva se va a pasar por el forro los tiempos y los planes del mismísimo Donald J. Trump, en Cuba andamos esperando a que nos toque en la cola y, mientras tanto, cuatro ridículos salen a bailar al primer toque de una lata y un palo. Y no hay ni la vergüenza de ponerlos como un culo y ripearlos como un yarey, porque esa mierda es como festejar la orden de dejar morir en la agonía a miles de cubanos.

La situación de Cuba es tan grave como la de Venezuela, pero en cámara lenta. La cantidad de gente que ha perdido la vivienda, que ha muerto en derrumbes y los que están condenados a «salir del servidor» por falta de medicamentos y de atención médica es absurdamente grande. En Cuba no hay ni terremoto ni guerra, y parece que ha habido de las dos cosas. La desesperación de la gente, de una gran parte, es insoportable ya de escuchar.

Entonces es demasiado contradictorio asumir que la respuesta que ha decidido dar el cubano es el quejido. Es como si una presa que se ha tirado a morir ante el ataque de un igual de su manada.

¿No quieres a nadie?

Te lo voy a explicar mejor, clarito: ¡Cojones, reacciona! Este proceso va a terminar con tu muerte, miserable y sin dignidad alguna. Este proceso le está costando el valor de la vida de millones de personas a tu alrededor y la tuya propia. Estás condenado a vivir así hasta que tú reacciones o hasta el último día de tu vida: sin luz, sin agua; el dólar llegará a costar miles de pesos y tu salario, como ha ocurrido en el otro retoño de la revolución cubana, se reducirá a centavos de dólar. Todo esto en peores condiciones que en ese retoño llamado Venezuela. Si tú no reaccionas, te vas a morir, y lo vas a merecer porque va a ser decisión tuya.

No digas más lo cansado que estás. No te quejes más ni pinga. Haz algo. Por ti. Ya que no te importan tus hijos, ni tus padres, ni tus amigos. Porque si te dejas morir y los dejas morir a ellos, no quieres a nadie. Y si te diste cuenta, este mensaje no es para caerte bien, es para que te caiga lo peor posible, porque si tú no quieres a los tuyos, ¿qué coño me importa que me quieras a mí o no?

Haces algo o te mueres

Si tú tuvieras vergüenza, al primero que forme una cumbancha en tu cuadra, al encargado de tu cuadra de apagar los cacerolazos con su bocina y reparto altísimo, a ese le rajarías la bocina en la cabeza y lo pondrías como un culo. Pero no, tu decisión es chismear y preguntarte: ¿qué pasa? ¿Hasta cuándo? Que si ¿no entienden o qué?

Cuando de niño yo no le hacía caso a mis padres y hacía disparates, ellos no se quedaban murmurando «¡Qué horror, mira este niño!» Me rajaban la cabeza si hacía falta. Ya tú tienes que pasar a esa fase con el sapingo de tu vecino que se presta para que esa situación que tú vives se alargue en el tiempo. Es tu responsabilidad y tu única manera. De más está decirte que al familiar tuyo que se presta para lo mismo… A ese ni hablar, no hay refriega suficiente para ese, ni tampoco hilo de sutura suficiente para cerrarle la cabeza.

Y sí, te estoy diciendo lo que tienes que hacer porque estoy hasta los mismísimos cojones de ver cómo te tiraste a morir y vivir en la queja. Haces algo o te mueres. Hoy y ahora tienes la oportunidad de salvarte, tú mismo. Tienes el poder y la decisión.

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