¿Presión sin límite o estrategia con conciencia?

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Por Yanetsy Pino ()

Atlanta.- Decir —como he leído en comentarios— que Trump o Marco Rubio “traicionaron” a Cuba porque el régimen no ha caído me parece una conclusión excesiva.

Para empezar, ni uno ni otro tienen la obligación de producir la caída del régimen cubano. Pueden diseñar una política de presión, pueden anunciar objetivos, pueden asumir compromisos políticos, pero no pueden garantizar que un gobierno extranjero vaya a caer en un plazo determinado. Una cosa es exigir resultados y otra convertirlos en responsables de un desenlace que, en última instancia, no controlan.

Ahora bien, eso no significa que no puedan ser cuestionados. Al contrario. Si han hecho promesas o han generado expectativas de resultados inminentes, hay derecho a preguntar por qué esos resultados no llegan y, sobre todo, si la estrategia utilizada está funcionando.

Y aquí es donde tengo mis reservas.

Antes de que me vayan a preguntar por mi filiación política: no soy seguidora de ninguna figura. Hace tiempo me cansé de los liderazgos que terminan convirtiéndose en autoridad rectora sobre la vida de las personas.

Eso me lleva a reconocer tanto los errores de la actual administración como algo que también he dicho públicamente: sus medidas hacia el régimen cubano me han parecido acertadas, sobre todo por esa intensidad en la intención de provocar cambios políticos en Cuba que, personalmente, no había visto, con esa fuerza, en administraciones anteriores.

Puedo valorar cada política por sus propios resultados y principios, sin sentirme obligada a convertir esa valoración en lealtad hacia un líder. Y precisamente porque no soy seguidora de ningún político, puedo hacerme una pregunta incómoda:

¿Qué ocurre si seguimos aumentando la presión durante dos años más y el resultado no es la caída del régimen, sino una Cuba totalmente diezmada?

Porque una cosa es presionar al régimen, y otra muy distinta es empobrecer progresivamente a una sociedad esperando que, en algún momento, esa sociedad lo derribe.

El régimen podría seguir sobreviviendo a esta y a más crisis. Podría incluso caer en un limbo sin cambios y sin progreso, pero la población no puede sobrevivir indefinidamente. Por eso no deberíamos aceptar la idea de que más presión generará mayores posibilidades de un fin inminente y de la libertad, sin detenernos a evaluar qué está produciendo realmente esa presión.

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