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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- Lo que está ocurriendo con el encauzamiento de la responsabilidad de Raúl Castro en el derribo de aquellas avionetas no me parece casualidad. En mi opinión, esto forma parte de una jugada política mucho más profunda, cuidadosamente calculada y ejecutada en el momento preciso. Las grandes potencias no olvidan, archivan. Y cuando consideran que llegó la hora adecuada, vuelven a sacar los expedientes que durante años permanecieron guardados.

Muchos quizás no recuerdan que a Raúl Castro también se le vinculó en investigaciones relacionadas con narcotráfico y colaboración con carteles colombianos. Aquello ocurrió antes del famoso juicio de 1989, cuando de repente el régimen decidió sacrificar a generales y altos oficiales del MININT y las FAR, acusándolos precisamente de esos delitos. Para mí, aquello nunca fue una casualidad ni un acto de justicia revolucionaria; fue una operación política para salvar estructuras superiores de poder.

Lo digo porque me tocó vivir de cerca aquellos acontecimientos. Estando preso junto a muchos de los involucrados en esas causas, escuché directamente las quejas y el sentimiento de traición de quienes aseguraban que las altas esferas del régimen conocían perfectamente esas operaciones. Por eso, cuando en el juicio quedó en evidencia la participación directa de Fidel Castro y que también estaba al tanto de lo que ocurría, nunca me pareció una afirmación descabellada. Incluso Estupiñán, entre lágrimas durante el juicio, lo dijo públicamente (eso se salió del guion), muchos años después, las dudas siguen intactas.

El cerco se cierra

En mi opinión, Estados Unidos decidió conformarse temporalmente con aquel desenlace y engavetó muchas de esas investigaciones. Pero la justicia funciona con tiempos largos, pero funciona. La justicia americana podrá ser lenta, extremadamente lenta incluso, pero cuando decide reactivar un expediente es porque existe un interés concreto detrás.

Por eso pienso que desempolvar ahora el caso del derribo de las avionetas tiene una intención mucho más amplia que simplemente recordar un hecho histórico. Se está construyendo un argumento político, jurídico y moral contra figuras fundamentales del poder cubano. Porque no existe herramienta más poderosa para aumentar la presión internacional que presentar a un gobierno como responsable de actos criminales pendientes de justicia.

También considero que la reciente presencia de altos funcionarios de inteligencia estadounidenses en Cuba no fue un simple gesto diplomático. Esas reuniones nunca ocurren por cortesía. Cuando los servicios de inteligencia se mueven, generalmente es porque las cartas ya están sobre la mesa y las advertencias también.

No estoy diciendo que mañana vaya a producirse una intervención directa ni un cambio inmediato, pero sí creo que el cerco político y judicial sobre la vieja estructura de poder cubana se está cerrando lentamente. Y cuando los grandes intereses comienzan a mover piezas después de décadas de silencio, normalmente es porque consideran que las condiciones han empezado a cambiar.

La ley americana es como el pescador paciente, espera que el pez se trague el anzuelo y lo cague, luego halan y lo ensartan por el culo.

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