El poder está en Washington, no en Bruselas

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- La oposición cubana organizada está perdiendo el tiempo en el lugar equivocado. Mientras algunos siguen recorriendo parlamentos europeos, asistiendo a conferencias y reuniéndose con políticos que no tienen capacidad real para cambiar el destino de Cuba, el centro de poder que puede influir decisivamente sobre el futuro de la isla está en Estados Unidos. Basta de resoluciones y declaraciones.

La estrategia debería ser simple: sentarse frente a la administración estadounidense y presentar un proyecto de país como quien presenta un plan de negocios a un inversionista. Explicar qué gana Estados Unidos, qué gana Cuba y cómo ambas naciones pueden construir una alianza permanente.

Si estuviera en esa posición, propondría un Pacto de Libre Asociación o un acuerdo similar que garantice una relación estratégica en defensa, seguridad, economía e inversión. Existen precedentes, como las islas Palaos, u otra vía puede ser la alianza forzada y guiada como la de Japón. Lo importante no es copiar un modelo exacto, sino entender que las alianzas duraderas son las que generan estabilidad y prosperidad.

Hay que apelar al lenguaje estratégico

La realidad es que el futuro de Cuba no se decidirá en Madrid, Bruselas o París. Se decidirá en Washington y en Mar-a-Lago. Mientras algunos buscan fotos con políticos europeos, deberían estar concentrados en llegar a los lugares donde realmente se discuten y se impulsan las decisiones que afectan al hemisferio occidental. Hoy, más que nunca, la política mundial gira alrededor del poder estadounidense y de figuras como Donald Trump y Marco Rubio.

Basta de gastar recursos en foros que no conducen a nada. Basta de perseguir resoluciones simbólicas. Si la oposición quiere influir en el futuro de Cuba, tiene que hablar el lenguaje de los intereses estratégicos, la seguridad y la economía. Tiene que presentar una propuesta que convierta a Cuba en un aliado indispensable de Estados Unidos. Todo lo demás es secundario.

El día que la oposición entienda dónde está el verdadero centro de poder y comience a actuar en consecuencia, estará mucho más cerca de influir en el destino de Cuba que después de cien reuniones en cualquier parlamento europeo.

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