El régimen iniciará Meteoro 2026 en medio de un país en ruinas

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Por Anette Espinosa

Guantánamo.- El 15 de mayo arrancará el Meteoro 2026 en Cuba y, como cada año, la sensación es la misma: más que un ejercicio de prevención parece el ensayo general de una película apocalíptica filmada con presupuesto de miseria.

Apenas Trump dice la palabra Cuba, el régimen entra en una especie de pánico institucional decorado con consignas, reuniones urgentes y oficiales hablando con cara de que viene el fin del mundo. No es para menos: bastante tienen ya con administrar un país destruido y ahora encima hay que mirar al cielo.

Dicen que el ejercicio busca fortalecer la preparación de la población ante fenómenos naturales, tecnológicos y sanitarios. O sea, básicamente prepararse para todo lo que ya ocurre a diario en Cuba sin necesidad de huracán. Desastre tecnológico: ahí están las termoeléctricas. Desastre sanitario: visite cualquier hospital y saque sus conclusiones. Desastre natural: vivir en Cuba en 2026 ya cuenta como fenómeno extremo no catalogado por la ciencia.

Lo mejor es el lenguaje marcial con el que presentan todo esto. Que si puntualizar medidas, que si fuerzas y medios a emplear, que si aseguramientos comunicacionales. Uno los lee y parece que van a desplegar una maquinaria de precisión suiza, cuando en la práctica el gran operativo consiste en recoger cuatro sacos de basura, limpiar un tragante que llevaba tres años tupido y mandar a cortar un árbol que se iba a caer desde el mandato de Raúl.

Hablan también de “generalizar experiencias” del paso de huracanes anteriores. Traducido al cubano de a pie: recordar cómo sobrevivir sin corriente, sin agua, sin comida y sin esperanza durante quince días. El pueblo tiene un doctorado en gestión de catástrofes. Si algo sobra en esta isla es entrenamiento involuntario. Lo que falta, curiosamente, es infraestructura mínima para que cada evento meteorológico no parezca el reinicio oficial de la Edad Media.

Lo más gracioso —o trágico, depende del nivel de cafeína que tengas encima— es verlos mencionar con solemnidad las actuales condiciones económicas y el bloqueo energético. No hace falta que lo expliquen tanto: todos sabemos que están cagados de miedo.

No al ciclón, sino a que llegue una tormenta de drones y termine de desnudar la precariedad total del sistema. Una cosa es resistir el discurso; otra muy distinta es resistir una guerra o un huracán con una linterna descargada y dos croquetas congeladas como plan nacional de contingencia.

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