Tribunas abiertas para Raúl con combustible garantizado

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Por Jorge Sotero

La Habana.- Otra vez el régimen cubano desempolvó el mismo libreto de siempre. Ahora resulta que desde el 23 de mayo hasta el próximo 3 de junio, fecha en que Raúl Castro cumplirá 95 años, se desarrollarán tribunas abiertas en toda Cuba para condenar un supuesto “acto despreciable e infame” del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el menor de los Castro y, de paso, respaldar una nueva Declaración del Gobierno Revolucionario. Traducido al idioma del cubano de a pie: más actos políticos, más consignas vacías y más circo ideológico en medio de un país que se cae a pedazos sin esta gota combustible.

Mientras el pueblo sobrevive entre apagones interminables, hospitales destruidos y comida por las nubes, la prioridad de la dictadura vuelve a ser movilizar personas hacia plazas y parques para repetir la misma muela de hace 60 años. No importa que la gente no tenga corriente, medicamentos o agua potable; lo importante para ellos es llenar una tribuna con cuatro banderas, dos pancartas y un grupo de militantes obligados a aparentar entusiasmo por una revolución que hace rato perdió hasta la vergüenza.

El comunicado oficial asegura que “ni amenazas, ni bloqueos, ni falsas acusaciones serán capaces de doblegar la voluntad del pueblo cubano”. Lo curioso es que ese mismo pueblo lleva años escapando en masa del país. Más de un millón de cubanos han emigrado recientemente y no precisamente por culpa de Mickey Mouse. Se fueron huyendo del hambre, de la miseria, de los apagones y de un sistema incapaz de garantizarle dignidad a sus ciudadanos. Pero claro, para la narrativa oficial todo sigue siendo culpa del enemigo externo.

Lo más grotesco de esta nueva payasada política es el contexto en que ocurre. Cuba vive una de las peores crisis de su historia reciente. Las termoeléctricas colapsan, el transporte está muerto, los salarios no alcanzan ni para sobrevivir una semana y los presos políticos continúan pudriéndose en cárceles infrahumanas. Aun así, la cúpula gobernante considera que lo verdaderamente urgente es rendirle homenaje a Raúl Castro en su cumpleaños 95 y organizar actos de reafirmación revolucionaria como si el país estuviera viviendo una etapa de prosperidad.

La desconexión de esta gente con la realidad ya alcanza niveles obscenos. Ellos viven atrapados en un eterno acto político, hablando de resistencia y dignidad mientras el cubano común hace magia para conseguir un pedazo de pan.

Las tribunas abiertas no resolverán absolutamente nada. No apagarán el hambre, no devolverán la luz y mucho menos devolverán la esperanza perdida. Lo único que demuestran es que el régimen sigue aferrado al teatro ideológico de siempre, aunque cada día tenga menos público dispuesto a creerle.

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