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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- Toda gran transformación política termina enfrentando una prueba decisiva: la economía. Y dentro de ella, existe un símbolo que resume la salud, la confianza y la estabilidad de una nación: su moneda.

Cuba no escapará a esa realidad.

El día en que desaparezca el sistema comunista que durante décadas destruyó la producción nacional, deformó los salarios y convirtió el peso cubano en una moneda debilitada y sin credibilidad, surgirá inevitablemente una pregunta trascendental:

¿Qué moneda tendrá una Cuba libre?

La interrogante no es simple. Tampoco puede responderse desde la emoción o la nostalgia. La historia económica demuestra que las monedas no adquieren valor por decretos políticos ni por discursos patrióticos. Su fortaleza depende de algo mucho más profundo: confianza, productividad, estabilidad institucional y capacidad real de generar riqueza.

El antiguo peso cubano anterior a 1959 llegó a tener enorme prestigio y un valor comparable al dólar porque existía una economía dinámica, exportaciones sólidas, disciplina financiera, inversión extranjera y un sistema bancario funcional. En otras palabras, la moneda era fuerte porque el país producía riqueza real.

El comunismo destruyó precisamente esos fundamentos.

Durante décadas, el cubano vio cómo su moneda perdía valor mientras crecían la escasez, la inflación y el deterioro del nivel de vida. Poco a poco, el propio sistema terminó contradiciéndose al permitir espacios de dolarización parcial mediante tiendas en divisas y mercados dependientes de monedas extranjeras. Sin reconocerlo abiertamente, el Estado terminó revelando su falta de confianza en el propio peso cubano.

Y cuando un pueblo pierde confianza en su moneda, comienza silenciosamente a abandonarla.

Por eso, una futura Cuba democrática tendrá que enfrentar una compleja reconstrucción monetaria. Existen varios caminos posibles.

El primero sería mantener el peso cubano, pero sometiéndolo a profundas reformas económicas: independencia del Banco Central, disciplina fiscal, apertura al mercado y control serio de la inflación. Sería una vía nacionalista y gradual, aunque difícil, porque reconstruir credibilidad puede tomar muchos años.

Una nueva moneda

Otro escenario sería crear una nueva moneda nacional que simbolice la ruptura con el pasado comunista. Sin embargo, la historia enseña que cambiar el nombre de una moneda no basta. Si no existe una economía fuerte detrás, cualquier nueva moneda terminará debilitándose igualmente.

La tercera posibilidad, considerada por muchos economistas como una de las más probables, sería la dolarización parcial o total de la economía. Países como Panamá y Ecuador utilizaron ese camino para estabilizar sistemas monetarios profundamente dañados. En el caso cubano, el dólar podría ofrecer inicialmente estabilidad, protección del ahorro y confianza para atraer inversiones y reconstruir el mercado.

También podría surgir un modelo mixto, donde convivieran durante años el dólar y una moneda nacional mientras la economía recupera equilibrio y credibilidad.

Las experiencias históricas de Europa del Este y de otros países que abandonaron sistemas socialistas muestran una conclusión clara: primero llega la estabilidad económica; después nace una moneda fuerte.

Nunca ocurre al revés.

Por eso, el futuro monetario de Cuba dependerá menos del diseño de nuevos billetes y mucho más de la capacidad de reconstruir:

• la producción nacional

• la seguridad jurídica

• la confianza bancaria

• la inversión

• y la libertad económica.

Sin esos pilares, ninguna moneda puede sobrevivir dignamente.

La magra salud del peso cubano

Pero existe además un elemento profundamente humano en este problema. El peso cubano no solo quedó destruido económicamente; quedó herido moralmente. Para millones de cubanos, la moneda nacional terminó asociándose a pobreza, salarios humillantes y desesperanza cotidiana.

Reconstruir una moneda significará también reconstruir la confianza emocional de todo un pueblo.

Quizás el camino más probable para una Cuba libre sea una transición inicial apoyada parcialmente en el dólar, acompañada por reformas económicas profundas que permitan, con el tiempo, el nacimiento de una moneda nacional respetable y estable.

Eso no ocurrirá por magia ni por nostalgia.

Ocurrirá únicamente si Cuba logra recuperar aquello que el comunismo destruyó durante décadas:

• trabajo productivo

• instituciones serias

• libertad económica

• disciplina financiera

• y confianza nacional

Solo entonces el país podrá aspirar nuevamente a una moneda fuerte y respetada. Porque las monedas también tienen memoria histórica.

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