Holguín impulsa proyectos científicos para «combatir el hambre»

Comparte esta noticia

Por Anette Espinosa

Holguín.- En la provincia de Holguín descubrieron la fórmula definitiva para combatir el hambre: hacer proyectos científicos, reuniones metodológicas y ponerle nombres kilométricos a investigaciones que probablemente terminarán guardadas en una gaveta llena de polvo.

Ahora mismo el cubano de a pie anda viendo cómo consigue un boniato, pero las autoridades anuncian con tremenda seriedad que están “fortaleciendo el desarrollo agrícola” mediante estudios sobre el cambio climático. El problema no es la ciencia; el problema es querer vender como avance agrícola un grupo de papeles en un país donde ni un tomate aparece en los agros.

La directora técnica del Centro Meteorológico Provincial, Zulema Reyes Bermúdez, explicó orgullosamente que trabajan en cultivos resistentes a la sequía y a la intrusión salina. Tremendo descubrimiento. Lo próximo será investigar cómo sobrevivir sin corriente, sin combustible y sin comida. Cuba se está convirtiendo en una potencia mundial en estudios sobre desgracias. Aquí no producen alimentos, pero sí informes, talleres y estrategias. Para eso sí hay creatividad revolucionaria.

Entre los proyectos más “destacados” aparece uno llamado “Herramientas para la mitigación del cambio climático en el municipio de Gibara”. Nada más el título da hambre. Imagínense al campesino cubano, sin petróleo para mover un tractor y sin fertilizantes, esperando ansioso por el famoso “paquete tecnológico basado en información climatológica actualizada”. Lo que necesita el guajiro no es un PDF con pronósticos del tiempo; lo que necesita es comida, recursos, libertad para producir y que el Estado deje de meterle la mano hasta en la semilla.

También anunciaron investigaciones para enfrentar la sequía en la caña de azúcar y adaptar café Robusta a los llanos holguineros. A este paso, dentro de cinco años harán un simposio internacional sobre cómo sembrar yuca en Marte. Mientras tanto, Cuba sigue importando arroz, frijoles, café y hasta azúcar. Sí, azúcar. El mismo país que una vez vivió de eso ahora necesita estudios científicos para entender por qué la tierra no produce ni un miserable racimo de plátano.

Lo más simpático de toda esta historia es la frase final: “potenciar la soberanía alimentaria”. Esa muela no la aguanta nadie ya. Cada vez que un dirigente dice soberanía alimentaria, un cubano sale corriendo a hacer cola por pollo importado. La realidad es simple: no hay proyecto meteorológico, paquete tecnológico ni investigación climática capaz de salvar la agricultura cubana mientras exista un sistema que castiga al productor, destruye la iniciativa privada y convierte cualquier cosecha en una misión imposible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy