La mediocridad europea e izquierdista

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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- Los izquierdosos y los europeístas mediocres siguen mirando el mundo como si nada hubiera cambiado, mientras el tablero geopolítico se les mueve debajo de los pies. La derecha avanza en medio planeta, los centros de poder se han desplazado, y quienes antes presumían de relevancia hoy no pintan absolutamente nada. Pero ellos, tranquilos, que siguen con el discurso de siempre.

Europa es el mejor ejemplo de este autoengaño: atrapada en una guerra que no es suya, obedeciendo sin pestañear a un liderazgo ucraniano cuestionado por múltiples sectores, gastando dinero que no tiene para sostener un país que no puede sostenerse solo, y renunciando a energía barata mientras el gas y el combustible se disparan. Todo muy «estratégico».

Nuestros políticos insisten en vender una amistad épica con Ucrania, cuando la realidad es que esta no es nuestra guerra y que Rusia ha sido históricamente un mercado natural para Europa. Pero claro, reconocer eso sería demasiado honesto.

Las consecuencias están a la vista: Estados Unidos toma distancia, Rusia comercia con Asia sin dramas, China se acerca más a Moscú, y algunos sectores en Washington hablan de recalibrar relaciones. ¿Y Europa? Europa mira desde la grada, sin voz ni voto, pero convencida de que sigue siendo protagonista.

Mientras tanto, la UE se indigna selectivamente: se escandaliza por unas cosas, pero guarda silencio ante regímenes autoritarios como el de Cuba. Todo muy coherente.

Algunos líderes europeos critican a figuras internacionales ante la posibilidad de una invasión, pero cuando se trata de Cuba, la pregunta es inevitable: ¿qué tendría que pasar para que la UE hiciera algo más que emitir comunicados tibios?

Una Europa sin rumbo

En paralelo, ciertos dirigentes intentan liderar una «nueva izquierda» que habla mucho y hace poco. No sorprende, entonces, el auge de figuras y partidos que capitalizan ese vacío. La socialdemocracia clásica, la que alguna vez tuvo peso y visión, prácticamente ha desaparecido.

Escuchar a Felipe González junto a María Corina Machado deja claro que incluso él ya no se reconoce en su propio espacio político. Y que ciertos encuentros evitados —o ciertas distancias mantenidas— no son casualidad.

Europa navega sin rumbo, con dirigentes que confunden populismo con liderazgo y que toman decisiones que la alejan de las grandes potencias. América Latina ya ha sufrido los efectos de una izquierda populista que se desgasta sola, y cuyo declive explica en parte el ascenso de alternativas más duras.

Algunos sectores consideran que los discursos disruptivos de ciertos líderes removieron un panorama político adormecido. Otros opinan que la continuidad de administraciones más tradicionales no aportó soluciones. En cualquier caso, el mundo ha empezado a replantearse muchas cosas. Ojalá Europa despierte, actúe y recupere los valores que alguna vez la definieron y que hoy parecen en peligro de extinción.

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