Mediterráneo eterno: la vida inmensa de Joan Manuel Serrat

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Joan Manuel Serrat nació el 27 de diciembre de 1943 en el Poble Sec de Barcelona, en el seno de una familia obrera. Hijo de padre catalán y madre aragonesa, creció en un barrio humilde que marcaría para siempre su obra. De allí le viene su apodo más conocido: el Noi del Poble-Sec. Pero sus amigos, cuenta la leyenda, le llamaban el Tordo porque devoraba las aceitunas.

Su carrera despegó a mediados de los sesenta, integrado en el movimiento de la Nova Cançó. En 1967 saltó a la fama con canciones como “Paraules d’amor” o “Cançó de matinada”. Ese mismo año grabó sus primeros temas en castellano. Pero su carácter indomable ya se notaba: en 1968 fue seleccionado para Eurovisión y, pocos días antes, se negó a cantar si no era en catalán. El franquismo le vetó en televisión durante más de cinco años.

Su obra es un canto a la libertad y a la memoria. Musicalizó a Machado y a Miguel Hernández cuando estaban prohibidos en las escuelas, regalándonos joyas como “Cantares” o “Para la libertad”. En 1971 lanzó “Mediterráneo”, su himno eterno, una oda al mar que compuso en su exilio mexicano, añorando las costas catalanas. Y en ese mismo disco, “Lucía” o “Aquellas pequeñas cosas” se convirtieron en himnos sentimentales de varias generaciones.

Crítico de las dictaduras, menos de una

Pero no todo fue música. Su compromiso político le costó caro: en 1975, tras manifestarse contra los fusilamientos del franquismo, se le abrió un proceso por injurias al jefe del Estado y tuvo que exiliarse en México.

Allí recorrió el país de punta a punta con su grupo, dando casi un centenar de conciertos. A su regreso, fue recibido como un héroe en el aeropuerto de Barcelona. Tampoco se calló ante las dictaduras militares de Chile, Uruguay o Argentina, países a los que no volvió hasta que recuperaron la democracia.

En diciembre de 2022, Serrat dijo adiós a los escenarios ante más de 15.000 personas en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Pero los honores no han parado de lloverle: en 2024 recibió el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Autor de cerca de 300 canciones, su legado es inmenso. Y aunque cuelgue la guitarra, su voz seguirá sonando, recordándonos que, como cantó él, “hoy puede ser un gran día”.

Por años, apoyó a la dictadura castrista, aunque al final también se desligó de ella.

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