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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- Hay un problema de fondo: «el kilo no tiene vuelto». O sea, en la verdad verdadera, el dólar y el CUP no pertenecen al mismo universo. El CUP es una realidad paralela. Donde dicen que vale es en la finca, pero sales al mercado financiero y te preguntan con cara de pescado en tarima: «¿Peso cubano? ¿Qué es eso?».

Ok, eso está bien y obliga a la melcocha intramuros. Sabrosón. Pero además hay una metodología ya trillada: «Permito el aumento del precio de algo a caselcarajo —lo propicio incluso, recordar la balita de gas—… La gente pone el grito en el cielo… Me visto de Superman y pongo precios menores que los del cosmonauta en su cohete… Pero muy mayores a los que estaban al principio de la jugada». Nice. Happy. Washed face included.

Mientras, inyecto billetes en la circulación, que hace falta. Y pongo topes, que ya sabemos que lo que hacen es fugar el producto al mercado negro y darle la patada a la lata de precios. Y la inflación sabroseá, más gozona que Gozón.

Señores seudocapitalistas de la peor especie: siempre que haya privados —como los restaurantes, por ejemplo— que necesitan el aceite y pueden trasladar los costos al precio del plato, se pagará lo que sea por una botella de aceite. Y las cosas están tan ordenadas que el mercado no distingue un comprador de otro; asumen los mismos mecanismos de compra porque el relajo es vigueta y los que pujan por los precios, al final del día se meten en su planta fotovoltaica de 5.000 dólares y «ahí te dejo tu mierda, gallego».

Luego viene la muela: «hay que ganarse al barrio y las calles», y no sé si la idea final es comprarlos y cobrar por vivir y pasar. No me queda claro, pero por el entorno…

Y es donde viene la transparencia. Donde la política no cabe en la azucarera… sobre todo si la barriga lo impide. Y ya vamos a ponerlo en blanco y negro: todo debe poder auditarse. Todo debe permitir ser investigado y analizado. Y eso no lo permitirán jamás. Pero desafortunadamente es la única vía para que «los actores económicos» no solo puedan implementar sus estrategias, hacer sus planes e invertir, sino jugar limpio, porque absolutamente todo es auditable. Desde el mayor cargo público hasta la compra de huevos de una empresa.

Y… no lo creo… sería un golpe brutal para buenos clientes de Dior y Patek Philippe.

Cosas que uno piensa mientras bota un poco de frijoles negros echados a perder.

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