
La autodeterminación de Díaz-Canel
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Según el mandatario cubano, hay que respetar la autodeterminación del pueblo cubano. Sin embargo, estas palabras suenan huecas, confusas y engañosas, porque el pueblo cubano es precisamente lo que menos tiene: el derecho a escoger a sus dirigentes, su política y, mucho menos, el sistema económico que desea.
Dicho lo anterior, quiero dejar claro el verdadero significado de esas declaraciones. Si el mundo se traga esta guayaba sin masticarla, con toda seguridad terminará atragantándose.
Según Wikipedia, “la autodeterminación de los pueblos es el derecho de cada comunidad humana a elegir libremente su forma de gobierno, su sistema político y su desarrollo económico, social y cultural sin sufrir la fuerza ni el control de nada ni nadie, y sin la intervención de ninguna otra fuerza externa o interna”.
De manera que habría que hacerle una pregunta muy sencilla a Díaz-Canel: ¿tienen realmente los cubanos ese derecho sin la voluntad y la autoridad del Partido Comunista de Cuba y de sus dirigentes para determinar su futuro?
El Partido determina, escoge y aprueba quiénes deben ser elegidos por el pueblo. Es algo parecido a permitirle escoger entre dos vasos plásticos: uno rojo y el otro… también rojo.
¿De qué habla Díaz-Canel?
Entonces, ¿de qué autodeterminación está hablando Díaz-Canel?
Si verdaderamente el pueblo cubano tuviera ese derecho, hace mucho tiempo el castrismo sería una amarga experiencia del pasado y no una estructura de poder que continúa decidiendo, desde arriba, el destino de toda una nación.
No se puede hablar seriamente de autodeterminación de los pueblos en Cuba cuando los cubanos, además de no tener el derecho efectivo a determinar su propio destino político, tampoco disfrutan plenamente de derechos tan elementales como alimentarse adecuadamente, expresarse libremente, exigir servicios básicos, reclamar electricidad y agua potable o, sencillamente, vivir en libertad.
La autodeterminación no consiste en que un gobierno diga que el pueblo es soberano. Consiste en que el pueblo pueda demostrarlo.
Porque si otros deciden por ti qué puedes elegir, a quién puedes elegir, qué sistema debes aceptar y hasta dónde puedes expresar tu desacuerdo, entonces no estás ejerciendo tu autodeterminación: estás obedeciendo una decisión que otros tomaron en tu nombre.
Y esa, precisamente, es la contradicción que no puede ocultarse detrás de una palabra tan noble como autodeterminación.
Yo no sé cómo se puede mentir con tanta desfachatez, como si todos los cubanos fueran un cardumen de clarias que están amaestradas, solo para gritar mentir y ofender.






