Biografía de Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo

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La cuna de un rey: orígenes humildes y un destino marcado por el ritmo

Bartolomé Maximiliano Moré, el que con el tiempo sería conocido como Benny, nació el 24 de agosto de 1919 en un humilde bohío de Pueblo Nuevo, en Santa Isabel de las Lajas, antigua provincia de Las Villas. Su linaje, cargado de historia, se remonta a un antepasado del Congo, un rey de una tribu que fue capturado y traído como esclavo a Cuba.

Fue el mayor de diecinueve hermanos en una familia pobre, y desde muy niño, la música fue su única riqueza. A los seis años ya fabricaba su primera guitarra con una tabla y un trozo de cuerda, y se escapaba de noche para cantar con los guajiros.

Su madre, Virginia, recordaba cómo, con menos de diez años, lo encontró una noche sobre una mesa, en el centro de una fiesta, improvisando para los presentes. Ese niño delgado y desnutrido, que vendía frutas y cortaba caña para sobrevivir, ya llevaba dentro la semilla del genio musical.

De las calles de La Habana al estrellato en México

A finales de los años 30, el joven Bartolo, decidido a probar suerte, se fue a La Habana, donde comenzó cantando en bares y parques del barrio del puerto a cambio de monedas. Su primer gran intento en un concurso de la radio «Mil Diez» fue un fracaso; le tocaron la campana para eliminarlo. Pero no se rindió.

Biografía de Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo

En su segundo intento, logró la victoria y consiguió su primer trabajo como cantante pagado. Un encuentro fortuito con Miguel Matamoros, del legendario Trío Matamoros, cambiaría su vida para siempre. Matamoros buscaba una voz para su conjunto y, tras escuchar a Moré, lo fichó. Con ellos viajó a México, donde su estrella comenzó a brillar con luz propia.

Fue allí donde, siguiendo un consejo, cambió su nombre por «Benny» para que no sonara como «burro» en el argot mexicano, y donde se consolidó como una figura de talla internacional al unirse a la orquesta del «Rey del Mambo», Dámaso Pérez Prado.

La leyenda del «Bárbaro del Ritmo»: fama, Banda Gigante y un genio sin partitura

Tras su exitoso paso por México, donde grabó más de 60 discos y actuó en películas, Benny regresó a Cuba en 1952 como una estrella consagrada. En la isla, su fama se disparó. El presentador Ibraín Urbino fue quien le puso el sobrenombre con el que pasaría a la historia: «El Bárbaro del Ritmo». Pero su verdadera consagración llegó cuando, cansado de los malos tratos y el racismo, decidió formar su propia orquesta en 1953: la legendaria Banda Gigante, a la que él llamaba cariñosamente «la tribu».

Con más de cuarenta músicos, la banda se convirtió en una de las más importantes de la década de 1950, recorriendo América y llevando su música a todos los rincones.

A pesar de no saber leer música, el genio de Moré era tal que componía y arreglaba sus temas dictando a sus músicos las notas y el tempo que quería, un prodigio que dejó boquiabierto a Rafael Lay, director de la Orquesta Aragón, quien lo llamó «genio musical».

El legado inmortal del Sonero Mayor

El legado de Benny Moré es inconmensurable. Su voz, capaz de transmitir la alegría más desbordante y la melancolía más profunda, lo convirtió en el dueño absoluto de todos los géneros que tocó: el son, el bolero (https://www.youtube.com/watch?v=cFex9vt0Xxo), el mambo, la guaracha. Para el pueblo cubano y los amantes de la música latina en el mundo, es y será «El Sonero Mayor», el punto de referencia para todos los cantantes que vinieron después.

Figuras como Celia Cruz y la Orquesta Aragón encontraron en él un aliado y un amigo; su colaboración con esta última en 1952 fue vital para impulsar su carrera en La Habana.

Su música trascendió las barreras sociales, siendo admirado tanto por blancos como por negros, ricos y pobres, convirtiéndose en un símbolo eterno de la identidad cubana y del ritmo mismo. Su frase «No me voy de Cuba» se convirtió en un emblema de su arraigo a su tierra, a su gente.

El último baile: una vida de excesos y un final prematuro

La vida de Benny Moré, tan intensa como su música, estuvo marcada por los excesos. El alcoholismo, un mal común entre los grandes artistas de la época, fue minando su salud lentamente. Su carácter, a veces impredecible, y su amor por la parranda eran tan legendarios como su música.

A pesar de su éxito, su cuerpo no pudo resistir tanto castigo. Tras una presentación en la localidad de Palmira, en la provincia de Cienfuegos, su salud se deterioró gravemente y fue trasladado a La Habana, donde falleció el 19 de febrero de 1963, a la edad de 43 años, a causa de una cirrosis hepática derivada de su adicción.

Su muerte sumió a Cuba en una profunda tristeza, pero su música y su leyenda se han negado a morir, convirtiéndolo en un mito que sigue vivo y que cada 24 de agosto y 19 de febrero es recordado con cariño y devoción por su pueblo.

Preguntas Frecuentes sobre la Vida de Benny Moré

¿Por qué Benny Moré es conocido como «El Bárbaro del Ritmo»?
El apodo se lo puso el presentador de radio Ibraín Urbino cuando Moré trabajaba en la emisora RHC-Cadena Azul con la orquesta de Bebo Valdés, aunque ya era conocido en México con ese nombre. El apodo hace honor a su increíble capacidad para dominar y hacer bailar a la gente con cualquier ritmo que interpretara.

¿Cómo pudo Benny Moré componer y arreglar música sin saber leer una partitura?
Era un oído absoluto y un genio musical. Tenía una capacidad prodigiosa para imaginar arreglos instrumentales completos en su cabeza y luego cantárselos a sus músicos, indicándoles qué notas, figuras y tiempos debían tocar. Esto lo convirtió en una leyenda viviente entre sus colegas.

¿En qué lugar se encuentra su tumba y quiénes la visitan?
Su tumba se encuentra en el cementerio municipal de su pueblo natal, Santa Isabel de las Lajas. Allí acuden, en peregrinación, amigos, familiares, músicos y miles de admiradores, tanto cubanos como turistas extranjeros, para rendirle homenaje y dejarle ofrendas como flores, ron y tabaco.

Biografía de Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo

¿Por qué no se fue de Cuba después de la Revolución?
Benny Moré fue un hombre profundamente arraigado a su tierra y a su gente. A pesar de que muchos músicos cubanos emigraron en esa época, él tomó la decisión de quedarse, argumentando que no podía dejar a «su gente». Su frase más célebre en ese contexto fue: «Yo no me voy de Cuba».

¿Cuál fue su último concierto y dónde se presentó?
Su última presentación tuvo lugar apenas dos días antes de su muerte, en febrero de 1963, en la localidad de Palmira, en la provincia de Cienfuegos. Desde allí partió ya muy grave de salud para La Habana, donde fallecería el 19 de febrero.

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