
El regreso del as: el invierno termina el viernes para los Yankees
Por Robert Prat ()
Nueva York.- Aaron Boone, el manager de los Yankees, rompió la rutina con una frase que recorrió el clubhouse como un fogonazo: Gerrit Cole, el as que había sido devorado por el silencio de una cirugía, regresa el viernes para enfrentar a los Rays. No era un parte médico más ni una actualización menor. Era la confirmación de que la máquina de pitcheo más temida del Bronx volvería a rugir, justo cuando el verano empieza a mostrar sus garras.
Desde aquella tarde de marzo de 2025 en que Cole se sometió a la cirugía Tommy John, los Yankees aprendieron a vivir con un fantasma. El derecho, que en 2023 había ganado el Cy Young con la autoridad de un artista del caos controlado, desapareció del montículo en el momento más cruel: después de lanzar en el Juego 5 de la Serie Mundial de 2024, su brazo dijo basta.
Y mientras él reconstruía su tendón en la oscuridad de las rehabilitaciones, el equipo ganó 94 juegos sin él, una hazaña que supo a poco cuando Toronto los despidió en la Serie Divisional. Porque en el fondo, todos lo sabían: sin Cole, el sueño de la corona era un barco sin capitán.
Regreso en casa
La espera tuvo capítulos de incertidumbre. Los Yankees dudaron hasta el último momento: ¿una séptima apertura de rehabilitación o el regreso inmediato? Las seis salidas previas de Cole en las menores dejaron números que asustan a primera vista —una efectividad de 5.28 en 29 entradas— pero que esconden una verdad más profunda. El sábado pasado, en su mejor actuación, su recta volvió a tocar las 99.6 mph, como un relámpago que recuerda que el fuego no se apaga con el tiempo. Permitió una sola carrera en 5.1 innings, lanzó 84 pitcheos y, sobre todo, recuperó la mirada del que sabe que todavía puede ser el dueño de la zona de strike.
La decisión de Boone es también una declaración de principios. Al enviar a Elmer Rodríguez a Triple-A el lunes, los Yankees despejaron el camino para que Cole ocupe su lugar en la rotación, justo el día que estaba previsto para el joven lanzador. No hay más pruebas que hacer, ni más paciencia que gastar. El viernes, ante los Rays —líderes de la división, rivales de esos que no perdonan ni un error—, Cole saltará a la lomita del Yankee Stadium con la presión de quien vuelve no solo a lanzar, sino a recordarle a todo el béisbol por qué su brazo vale una temporada entera.
Y así, entre el ruido de las gradas y la respiración contenida de un equipo que no quiere volver a fracasar en octubre, Gerrit Cole se vestirá de rayas por primera vez en más de un año. Tendrá 35 años, una cicatriz en el codo y la memoria de un título que se escapó mientras él miraba desde la distancia. Pero los grandes regresos no se miden en efectividad ni en velocidad. Se miden en esa primera recta que corta el aire, en el silencio que la precede y en la certeza de que, cuando el as está en el montículo, el invierno siempre termina.






