Marx falló en todo… creyó descubrir las leyes del desarrollo y omitió lo esencial: El hombre

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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- Karl Marx creyó haber descubierto las leyes que explicaban el desarrollo de la sociedad y de la historia. Construyó un sistema basado en la lucha de clases, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la llamada propiedad social socialista. Pero en el centro de aquella construcción faltaba algo esencial: el hombre real.

Marx observó las estructuras económicas, las clases sociales y las relaciones de producción, pero subestimó la naturaleza humana. El individuo no es solamente una pieza dentro de una clase. Tiene ambiciones, deseos, intereses, sentido de pertenencia, necesidad de reconocimiento y, sobre todo, un profundo impulso hacia la libertad y la autonomía.

Ahí aparece una de las grandes contradicciones del marxismo. La propiedad colectiva puede ser presentada como una fórmula de justicia, pero cuando el individuo deja de sentirse dueño de su esfuerzo y de los frutos de su trabajo, aparecen la indiferencia, la falta de responsabilidad y la búsqueda de mecanismos para sobrevivir al sistema. Lo que pertenece a todos termina, muchas veces, sin pertenecer verdaderamente a nadie.

La historia le quitó los argumentos

La experiencia histórica lo demostró. La planificación centralizada sustituyó millones de decisiones individuales por decisiones tomadas desde el poder político. El Estado pasó a controlar la economía, la producción, los salarios y buena parte de la vida social. El resultado no fue la sociedad de abundancia anunciada por Marx, sino escasez, ineficiencia, burocracia y dependencia.

Los nuevos marxistas intentan corregir estas contradicciones. Hablan de un socialismo diferente, más democrático, más humano o compatible con determinadas formas de mercado. Pero el problema fundamental permanece: si el sistema pretende subordinar la libertad individual a un proyecto colectivo impuesto desde arriba, la contradicción vuelve a aparecer.

El fracaso no estuvo solamente en la aplicación de las ideas de Marx. Estuvo también en la concepción misma del hombre sobre la cual construyó su teoría.

Marx quiso explicar la historia sin comprender suficientemente al individuo que la protagoniza. Su error estuvo en creer que podía transformar la naturaleza humana mediante la transformación de las estructuras económicas.

Por eso, desde su origen, aquel rumbo llevaba dentro una contradicción difícil de resolver: pretendía construir una sociedad nueva sin contar plenamente con aquello que ninguna ideología puede eliminar, la libertad, la iniciativa y la naturaleza del ser humano.

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