Gerardo Hernández ataca a Anna Bensi

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Por Jorge Sotero

La Habana.- Cada vez que Gerardo Hernández publica un mensaje en redes sociales queda en evidencia la desconexión entre la élite del poder cubano y la realidad que viven millones de ciudadanos. Su más reciente ataque contra Anna Bensi no aporta un solo argumento para defender el modelo comunista; se limita a desacreditar a una joven que ha logrado conectar con miles de cubanos precisamente porque habla de lo que el régimen intenta silenciar. Cuando las ideas escasean, el ataque personal se convierte en la única estrategia.

Nuestro Alce dice que el comunismo no es tan malo cuando puedes vivir sin trabajar, porque alguien te paga por decir que el comunismo es malo. Resulta irónico que quien ha vivido durante años protegido por la estructura del Estado cuestione a otros por expresar sus opiniones.

Gerardo representa a una cúpula política que nunca ha tenido que enfrentarse a las interminables colas para conseguir comida, a los apagones diarios o a los salarios que apenas alcanzan para sobrevivir. Desde esa posición privilegiada pretende dar lecciones sobre sacrificio, mientras millones de cubanos solo encuentran pobreza, emigración y desesperanza como resultado de un sistema que él continúa defendiendo.

Su comentario intenta ridiculizar a quienes critican el comunismo insinuando que alguien les paga por hacerlo. Sin embargo, evita responder la pregunta esencial: si el modelo que defiende es tan exitoso, ¿por qué Cuba atraviesa una de las peores crisis económicas y sociales de su historia? ¿Por qué cientos de miles de cubanos han abandonado la isla en los últimos años? Esas son las preguntas que nunca responde porque las cifras y la realidad contradicen el discurso oficial.

La estrategia de desacreditar a voces críticas ya no sorprende. Durante décadas, el aparato político cubano ha recurrido a la descalificación, los insultos y las campañas de descrédito contra cualquiera que piense diferente. Anna Bensi es solo un nuevo objetivo de una maquinaria que parece más preocupada por controlar el relato que por resolver los problemas del país. Atacar a una joven en redes sociales no mejora el sistema eléctrico, no llena los mercados ni devuelve la esperanza a las familias cubanas.

Gerardo Hernández puede seguir escribiendo mensajes desde la comodidad que le proporciona pertenecer a la cúpula del poder, pero eso no cambiará una realidad evidente para millones de cubanos. La credibilidad no se construye con consignas ni con ataques personales; se gana ofreciendo resultados. Y mientras el régimen siga respondiendo a las críticas con burlas en lugar de soluciones, cada publicación como esta será una nueva demostración de que el verdadero problema no son quienes denuncian el fracaso del sistema, sino quienes insisten en defenderlo a pesar de sus evidentes consecuencias.

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