La dictadura persigue a los negocios privados en lugar de asumir su responsabilidad por la crisis

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Por Jorge Sotero

La Habana.- El Consejo de la Administración Municipal (CAM) de Plaza de la Revolución informó este martes sobre un operativo de inspección dirigido contra establecimientos pertenecientes a las formas de gestión no estatal, una nueva ofensiva que vuelve a colocar a los emprendedores en el centro de la crisis económica que atraviesa Cuba.

Según la información oficial, la Dirección Municipal de Inspección realizó 20 acciones de control y detectó la venta de productos de primera necesidad —entre ellos salchichas, aceite, pollo y picadillo— sin los precios visibles al público y con valores considerados abusivos o especulativos por las autoridades.

El saldo del operativo fue de 17 multas, tres ventas forzosas, una sanción por no utilizar las pasarelas electrónicas de pago y la paralización temporal de un establecimiento.

El Gobierno municipal anunció, además, que reforzará las inspecciones y advirtió sobre nuevas medidas contra los trabajadores del sector privado, entre ellas el cierre temporal de negocios hasta por tres meses, el decomiso de mercancías y la imposición de nuevas multas.

La campaña oficial vuelve a señalar a los pequeños comerciantes, aunque evita hablar del verdadero origen del problema. Los precios no se dispararon por decisión de un puñado de emprendedores. La inflación, la escasez de alimentos, la falta de producción nacional y el colapso del mercado son consecuencia de décadas de políticas económicas fallidas impulsadas por la dictadura.

Resulta más sencillo enviar inspectores a decomisar mercancías que garantizar un abastecimiento estable de pollo, aceite o picadillo para la población. El régimen insiste en perseguir el efecto y deja intacta la causa de una crisis que golpea diariamente a millones de cubanos.

Cada operativo de este tipo confirma la misma estrategia: aumentar la presión sobre quienes intentan mantener abierto un negocio, al tiempo que el régimen continúa sin ofrecer soluciones reales para frenar el desabastecimiento y el constante deterioro del poder adquisitivo de la población.

La dictadura pretende convencer a los ciudadanos de que el enemigo está detrás de un mostrador. Sin embargo, la raíz del problema sigue instalada en un modelo económico incapaz de producir riqueza, garantizar alimentos y ofrecer oportunidades a un país que lleva años sobreviviendo entre la escasez y la incertidumbre.

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