
La reconstrucción moral de Cuba comienza en las aulas
Por Jorge L. León (Historiador e Investigador)
¿Por qué insisto tanto en la educación? Porque sin educación no hay nación.
Houston.- La reconstrucción material de Cuba será una tarea inmensa. Habrá que reparar carreteras, puertos, viviendas, hospitales, sistemas eléctricos y estructuras económicas devastadas por décadas de mala administración. Sin embargo, ninguna de esas tareas será tan importante como la reconstrucción moral e intelectual de los cubanos.
La gran misión de la nueva República será enderezar aquello que el comunismo torció hasta deformar profundamente la esencia de nuestra nacionalidad.
Durante décadas se desarrolló un proyecto político cuyo objetivo no fue únicamente controlar el poder, sino también moldear la conciencia de varias generaciones. Se pretendió sustituir tradiciones, alterar referencias morales, manipular la memoria histórica y transformar la manera en que los cubanos entendían su propia identidad.
Los resultados están a la vista.
Hoy somos una nación fracturada. Una sociedad atravesada por resentimientos, desconfianzas y divisiones que fueron alimentadas durante años por una doctrina que convirtió el enfrentamiento entre cubanos en instrumento de gobierno.
La escuela desempeñó un papel central en ese proceso.
La tradición a un lado
Nuestra gran tradición pedagógica fue relegada. Se ocultó la influencia de José de la Luz y Caballero, de Félix Varela y de tantos educadores que entendieron la enseñanza como formación integral del ser humano. En su lugar se impusieron modelos ideológicos concebidos para formar obediencia política antes que pensamiento libre.
La figura de José Martí sufrió una de las mayores manipulaciones. Se seleccionaron frases aisladas, despojadas de contexto, mientras se ocultaba buena parte de su pensamiento republicano, democrático y profundamente humanista. Se intentó presentar a Martí como precursor de doctrinas que jamás fueron las suyas.
El resultado fue una educación excesivamente politizada, donde con frecuencia se sustituyó el razonamiento por la consigna, la investigación por el dogma y el análisis por la repetición.
Por ello considero imprescindible que desde ahora se comience a diseñar un gran programa nacional de reconstrucción educativa.
Un plan de emergencia educativa
La futura República deberá convocar a pedagogos, historiadores, filósofos, sociólogos, psicólogos, científicos, escritores y especialistas de todas las disciplinas para elaborar un plan nacional de emergencia educativa.
Su objetivo inicial no será imponer nuevas ideologías, sino precisamente lo contrario: despolitizar la enseñanza.
Necesitamos una educación que enseñe a pensar, no a obedecer.
Necesitamos escuelas donde prevalezcan el razonamiento crítico, la investigación, el debate respetuoso y la búsqueda permanente de la verdad.
Necesitamos programas modernos, abiertos al conocimiento universal, pero profundamente arraigados en la mejor tradición cultural cubana.
Porque una nación que desconoce sus raíces termina perdiendo su rumbo.
Siempre he sostenido una idea que resume esta convicción: “Quien tiene agua cristalina en abundancia, no tiene que ir a beber en ninguna otra fuente.”
Cuba posee una tradición intelectual extraordinaria. Varela, Luz y Caballero, Martí, Varona, Mendive y tantos otros constituyen un patrimonio moral e intelectual capaz de orientar la formación de nuevas generaciones libres.
Pero ninguna reforma educativa será posible sin rescatar la figura del maestro.
Devolver la Dignidad al Maestro
La nueva República tendrá que devolver prestigio, autoridad y dignidad a la profesión docente. El maestro debe volver a ser una referencia moral dentro de la comunidad.
Necesitamos educadores que estudien, que investiguen, que lean constantemente y que mantengan viva la pasión por aprender. Hombres y mujeres capaces de transmitir conocimiento, pero también ejemplo.
La educación no puede quedar en manos de quienes carecen de preparación intelectual, de vocación pedagógica o de la integridad moral indispensable para formar a nuestros hijos.
Quien no ama el conocimiento difícilmente podrá despertar amor por el conocimiento en otros. Quien no cultiva su espíritu difícilmente podrá contribuir a formar ciudadanos libres.
La escuela cubana del futuro tendrá que volver a convertirse en un templo de la inteligencia, del mérito y de la decencia. Allí deberá nacer una nueva ciudadanía. Una ciudadanía capaz de pensar por sí misma. Capaz de disentir sin odiar. Capaz de defender la libertad respetando la libertad ajena. Capaz de construir una República donde la ley sea respetada, donde la verdad tenga valor y donde el conocimiento vuelva a ocupar el lugar que nunca debió perder.
Porque al final de todo, la recuperación de Cuba no comenzará en los ministerios, ni en los bancos, ni en los parlamentos. Comenzará en las aulas. Y cuando logremos reconstruir la educación, habremos comenzado a reconstruir la nación.






