
Back to the Future
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Miguel Díaz-Canel acaba de afirmar, en su último discurso, que Fidel Castro está de vuelta, y aseguró al mismo tiempo que los enemigos de la revolución —refiriéndose a Estados Unidos— deben estar temblando.
Esto ocurre después de que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dijera que todas las opciones para lograr una Cuba libre están sobre la mesa, incluida la opción militar.
Pero Díaz-Canel dijo más. Afirmó que los cubanos están dispuestos a dar su vida por la revolución y el socialismo.
Este tipo de retórica es una vieja costumbre del régimen de La Habana: hablar tonterías por alarde, no por convicción. Porque ellos saben, mejor que nadie, que los cubanos no darían ni un perro muerto por defender a quienes consideran responsables de su miseria.
Los cubanos seguramente escucharon lo que dijo el mandatario, pero nadie respondió. Y ese silencio dice mucho más que cualquier discurso.
A Díaz-Canel solo le faltó decir: «¡Vengan por mí, cobardes! ¡Aquí los espero!» No lo dijo porque sabe que esas palabras son peligrosas cuando uno no tiene detrás de sí a todo el apoyo del pueblo.
El lenguaje de los dictadores suele ser el mismo: ofenden al diablo hasta que lo ven llegar.
Seguramente Díaz-Canel mencionó el regreso de Fidel para invocar el fantasma de quien durante décadas convirtió la amenaza y la confrontación en una forma de gobierno. Pero quizá debería recordar también aquella frase de José Martí: «Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla».
En Washington nadie parece estar temblando. Los que deberían comenzar a preocuparse son ellos.
Porque, según se ha informado, el secretario de Defensa habló en Panamá de que tienen pocas semanas para rectificar. De modo que, posiblemente, en La Habana también escucharon lo mismo que escuché yo.
Y si es así, quizá la única alternativa que les queda sea precisamente esa: la guapería, el alarde y la retórica de siempre.
Porque, mientras ellos hablan de que Fidel está de vuelta y de que los enemigos deben estar temblando, hay una realidad que no pueden ocultar: lo único que tiembla hoy en Cuba son las piernas de quienes la gobiernan.






