Entre la estrategia y la incertidumbre: el tablero cubano-estadounidense

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Yo no puedo creer que después de un portaaviones en el Caribe, de tropas estadounidenses en Puerto Rico, de un viaje de la CIA a La Habana, de reuniones con militares del régimen cubano en la Base Naval de Guantánamo, de la visita del secretario de Guerra de Estados Unidos a esa misma base y de un discurso allí con un tono bastante provocativo, ahora nos digan que hay que tener calma.

Después de varios informes y advertencias sobre el peligro que representa la dictadura cubana para la seguridad de Estados Unidos, de colocar al régimen cubano en el centro de debates en la televisión nacional, de la acusación contra el asesino de Raúl Castro y de todo lo relacionado con los drones, ahora resulta que el proceso tiene que ser lento.

Para mí, lo que estamos viendo tiene dos posibles explicaciones: una buena y una mala. La buena es que las recientes palabras de Marco Rubio llamando a la calma y dejando claro que este proceso no necesariamente será rápido formen parte de una estrategia. Que precisamente se busque que nadie sepa exactamente qué va a ocurrir, cuándo va a ocurrir ni hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos. Una estrategia destinada también a mantener a la propia dictadura cubana en la incertidumbre. Esa sería la explicación que tendría sentido con todo lo que hemos visto.

La mala sería completamente diferente: que detrás de todo esto se haya producido algún tipo de entendimiento, negociación o influencia del lobby de la dictadura cubana, y que hayan logrado convencer a sectores de la administración estadounidense de que cualquier proceso hacia un cambio en Cuba tiene que ser lento, controlado y pausado.

Conclusión: o estamos ante una estrategia mucho más grande de lo que podemos ver desde afuera, diseñada precisamente para confundir y mantener al régimen cubano sin saber cuál será el próximo movimiento de Estados Unidos, u ocurrió algo importante detrás de las cortinas y la dictadura consiguió algo que parecía inimaginable: ganar tiempo. Espero que sea la primera.

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