Los pandas que pidió Díaz-Canel y la dieta de “arroz con esperanza”

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Por Juan Pérez ()

La Habana.- Dicen que Miguel Díaz-Canel se enteró de que Xi Jinping había anunciado el envío de dos pandas al zoológico de Atlanta y, después de analizar unos segundos la noticia, y de consultarla con su periodista de cabecera, Arleen Rodríguez, llamó urgentemente al embajador cubano en Beijing, Alberto Blanco.

“Compañero embajador, no se vaya a quedar Cuba fuera de esta manifestación de amistad”, habría dicho el mandatario. Blanco, que conoce perfectamente la diplomacia y también las matemáticas, preguntó discretamente: “¿Y qué hacemos con ellos cuando lleguen a Cuba?”.

La respuesta presidencial fue inmediata: “Lo mismo que hacemos con todo: resolver”. Y así nació la solicitud para que Pekín mande también dos pandas a Cuba, porque si Atlanta puede tenerlos, La Habana no va a ser menos. El pequeño detalle es que los pandas comen bambú y en Cuba últimamente hay problemas hasta para conseguir el bambú de la libreta.

El asunto, sin embargo, tiene una complicación logística que nadie parece haber calculado en el Palacio de la Revolución. Los pandas no comen consignas, ni discursos, ni reuniones, ni planes de contingencia. Comen. Y comen bastante. De manera que, si Xi decide mandar la pareja de osos, tendrá que mandar también un avión semanal cargado de comida, porque de lo contrario los pandas van a llegar a Cuba con más esperanza que dieta. Y ahí empezaría el verdadero intercambio cultural: los pandas enseñándole a los cubanos cómo se come bambú y los cubanos explicándoles que, cuando se acabe, siempre queda la posibilidad de mirar una foto del bambú y decir que se está haciendo un esfuerzo por aumentar la producción.

Dos pandas en tierras de zoos muertos

La petición llega, además, en un momento particularmente inoportuno para el reino animal cubano. Informaciones recientes describen un Zoológico Nacional con cerca de mil animales enfrentando problemas de alimentos, combustible, agua, medicinas y electricidad. Los cuidadores tienen que moverse en bicicletas, carretas y motos eléctricas para garantizar que los animales reciban comida y agua.

Es decir, que mientras en otros países el problema consiste en conseguir entradas para ver a los pandas, en Cuba el desafío consiste en conseguir que los animales lleguen vivos a la hora de la comida. Allí un tigre no espera que le sirvan el almuerzo: espera que aparezca el almuerzo, que haya combustible para transportarlo, que funcione el refrigerador y que no se vaya la corriente antes de que alguien pueda decir: “¡A comer!”.

Y no es solamente una cuestión de pandas. En agosto pasado fueron difundidas denuncias sobre leones del zoológico de Las Tunas en condiciones de extrema delgadez, mientras otros reportes han descrito dificultades para alimentar a los grandes felinos. En el Zoológico Nacional, un veterinario explicó recientemente que la comida de los felinos debe ser racionada para evitar que las reservas desaparezcan en pocos días.

Así que imaginar a Díaz-Canel solicitando dos pandas produce una escena digna de cualquier comedia del absurdo: Xi Jinping preguntando “¿cuántos necesitan?” y el funcionario cubano contestando “dos”. “¿Dos solamente?”. “Sí, compañero, porque tampoco queremos abusar”. “¿Y qué comen?”. Pausa diplomática. “Bueno… ese pequeño detalle lo dejamos para una comisión”.

Pandas con dieta

Porque en Cuba hemos llegado a una situación en la que hasta los animales parecen haber aprendido economía doméstica. El león mira la bandeja y calcula cuánto puede durar el almuerzo; la hiena ya no se ríe porque tampoco encuentra motivo; el elefante mueve las orejas preguntándose dónde quedó aquella época en que había comida; y el leopardo, que por naturaleza debería andar cazando, probablemente esté haciendo cola con el carné en la mano.

Como dice el viejo refrán, “aquí no hay ni con qué amarrar la chiva”. Y ahora quieren traer pandas. Solo falta que alguien proponga importar dos osos polares para que tengan la oportunidad de conocer el Caribe antes de que se derrita el presupuesto.

Por eso, si Xi Jinping acepta la petición cubana, sería conveniente que además de los pandas mande un cargamento permanente de bambú, un avión de repuesto, combustible, medicamentos, refrigeradores, electricidad portátil y, por si acaso, un contenedor de esperanza. Porque una cosa es la diplomacia panda y otra muy distinta es mantener un panda con la dieta nacional de “hoy no llegó, mañana vemos y pasado mañana resolvemos”.

Al final, quizás el verdadero gesto de amistad entre China y Cuba no sea mandar dos pandas, sino asegurarse de que, cuando lleguen, tengan qué comer. Porque bastante difícil es ser panda en Cuba como para descubrir, al segundo día, que el bambú también está en falta.

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