
Cristina Escobar descubre que el problema no siempre vive a 90 millas
Por Yeison Derulo
La Habana.- Cristina Escobar acaba de descubrir algo verdaderamente revolucionario: en Cuba falta agua. Después de tantos años explicándonos el bloqueo, las sanciones, Trump y todos los males del universo exterior, ahora resulta que la periodista se ha dado cuenta de que abrir una pila y encontrarla seca también tiene algo que ver con los que gobiernan.
Cristina, antigua vocera del régimen y esposa de Israel Rojas, acaba de entrar al selecto club de los cubanos que descubren, después de décadas, que el problema no siempre vive a 90 millas.
Lo más simpático de su escrito es verla hablar de “ingobernabilidad”, “desorden” e “irresponsabilidad” con una tranquilidad que casi conmueve. La muchacha pide que nadie le hable del enemigo, exige resultados y hasta recomienda borrar del vocabulario oficial aquello del “esfuerzo que hace el Estado”.
Bbienvenida al barrio, Cristina. Eso que acabas de descubrir lleva años gritándolo el cubano desde una cola, desde un hospital, desde una casa sin agua o desde un apagón de doce horas. La diferencia es que cuando lo decía un ciudadano cualquiera, probablemente era un desafecto; ahora lo dice Cristina y resulta que es análisis político.
Hay una parte especialmente deliciosa: Cristina pregunta qué pasa si el que abre la pila para bombear agua no se pone de acuerdo con el que pone la electricidad. Esa pregunta merece una estatua en la Plaza de la Revolución.
Imagínense la reunión: el señor del agua mirando al señor de la luz, el señor de la luz mirando al señor del combustible y todos esperando que aparezca algún funcionario para explicar que la culpa sigue siendo del bloqueo. Después viene la parte más peligrosa del post: “Un gobierno que no logra que haya agua y luz… no funciona. O cambian o debe ser cambiado”. ¡Caramba, Cristina! Eso ya no es una queja por una tubería; eso es casi una solicitud de divorcio con el castrismo.
Al final aparece la gran pregunta: “¿Adónde hay que ir? ¿Con quién hay que hablar?”. Cristina, después de tantos años, esa pregunta también se la ha hecho el pueblo cubano millones de veces. La respuesta ha sido casi siempre la misma: esperar, resistir, confiar, comprender la situación, culpar al enemigo y agradecer el esfuerzo.
Ahora ella descubre que el pueblo está solo, justo cuando el agua también decidió hacer turismo por las tuberías. Solo falta que mañana nos explique que los apagones son molestos, que los hospitales necesitan recursos y que un gobierno debería rendir cuentas.
Si sigue por ese camino, cualquier día de estos Cristina termina descubriendo el acontecimiento más extraordinario de todos: que la revolución lleva décadas administrando la escasez y después pretende que la culpa la tenga el que vive en la casa de enfrente.



















