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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- Lo del “permiso de viaje” es la última genialidad del desastre cubano. Sin combustible, las autoridades han reducido los viajes interprovinciales al mínimo y han creado comisiones vecinales para decidir quién viaja y quién no. En buen cubano: si caes bien, viajas; si pagas, viajas; si lambes, viajas. Si no, te jodes.

Esta historia la cuentas en Haití y te miran raro. En un país serio, ni lo intentes. En Cuba ya no hay exámenes de ingreso, ni pruebas para pasar de grado, ni curso escolar completo. Cierran escuelas antes de tiempo porque no hay maestros, no hay aulas en condiciones, no hay nada. Educación socialista: apagar la luz y cerrar la puerta.

Bruno Rodríguez, con su eterno “olfato revolucionario”, salió a decir que los apagones no son culpa de la falta de inversión, sino del bloqueo. Siempre el bloqueo. Si mañana cae un aguacate de un árbol, también será el bloqueo. El país está en default económico y social. No queda nada que repartir, excepto miseria. En eso, sí son unos cracks.

Un enfermo terminal

Mientras tanto, la delincuencia se ha convertido en el nuevo deporte nacional: roban motos eléctricas a plena luz del día, aumentan los asesinatos, desaparece el ganado, hurtan placas solares, aceite de transformadores; la droga corre libre por barrios y carreteras. Este es el “socialismo próspero y sostenible” de Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro. Hemos tocado fondo, pero ellos siguen aferrados al poder con un desprecio monumental por su propio pueblo.

Quitan siete ministerios como si eso fuera cirugía mayor. Pero es solo maquillaje de cadáver. Sacan nuevas resoluciones de vivienda y tierra que no aportan nada. Ahora los inquilinos deben pagar las reparaciones de las áreas comunes, pero nadie explica de dónde saldrán el cemento, la arena o los materiales. Ciencia ficción revolucionaria. Crean un superministerio para agrupar más de dos mil empresas socialistas, esas mismas que no producen ni sombra. Por decreto son la base del desarrollo. En la vida real, son la base del desastre.

El presidente del Banco Nacional de Cuba ahora será ministro. El mismo banco que no tiene efectivo para pagar pensiones ni salarios, que no controla el mercado cambiario y que vive en el “quiero y no puedo”. El BNC es el banco de las miserias. El ministro de Energía promete que instalarán sistemas fotovoltaicos con acumuladores para “controlar la frecuencia” y que, cuando estén listos, los apagones mejorarán.

Sí, claro: la luz está “muy cerca”, como siempre. Cuba es un enfermo terminal mientras la camarilla de Canel siga ahí. No hay opción, no hay salida, no hay futuro. Sobre Trump, algunos creen que podría influir en cambios; conviene seguir fuentes confiables para entender qué políticas propone realmente, porque de momento no lo entiendo muy bien y no me fío.

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