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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- En una Cuba libre, el mar dejaría de ser una frontera controlada por el Estado para convertirse en una de las principales fuentes de alimento, empleo y riqueza del país. Lo primero es liberar completamente el acceso al mar: todo cubano debe tener el derecho de salir a pescar de forma artesanal, como de comerciar, sin permisos absurdos ni restricciones políticas. Esa base no solo resuelve parte del problema alimentario inmediato, sino que activa una economía natural que hoy está reprimida.

El siguiente paso es convertir la costa cubana en un sistema abierto, competitivo y descentralizado de puertos. No uno o dos polos controlados, sino toda la isla funcionando: La Habana, Santiago de Cuba, Cienfuegos, Matanzas, Guantánamo, Holguín, la Isla de la Juventud, y cualquier punto con condiciones. Donde se pueda construir un puerto, se construye. Donde haya inversión, se aprueba. Concesiones a largo plazo, incluso de 50 a 100 años, seguridad jurídica total y reglas claras. Los primeros años sin impuestos, luego una transición gradual a cobrar un porcentaje de las ganancias. Cada puerto compitiendo entre sí por eficiencia, precios y servicios. Eso genera infraestructura sin gasto estatal, empleo directo, entrada de capital y conexión real con el comercio global.

Oportunidades únicas para producir

Sobre esa base logística es donde entra una de las mayores oportunidades ignoradas de Cuba: la acuicultura marina a gran escala (granja de peces). No hablo de experimentos ni de agua dulce, hablo de producción industrial en el mar, como ya ocurre en países tropicales y en el propio Caribe en menor escala. Bahamas y Jamaica han desarrollado crías como la cobia con resultados positivos. República Dominicana también ha avanzado. No son gigantes todavía, pero demuestran que el modelo funciona en aguas cálidas.

Cuba tiene mejores condiciones naturales que muchos de esos países: miles de kilómetros de costa, cayos protegidos, aguas con temperatura estable todo el año, buena salinidad y zonas ideales tanto en la costa norte como en la sur. Lugares como Jardines del Rey, la costa sur central, el archipiélago de los Canarreos o áreas cercanas a Cienfuegos tienen características perfectas para jaulas marinas a gran escala.

Las especies que se pueden desarrollar son claras: cobia, pargo, seriola, mero, camarón, e incluso langosta en sistemas controlados. Todas con demanda internacional alta y precios fuertes. Esto no es teoría, es industria probada en Asia, donde países como China, Vietnam e Indonesia producen millones de toneladas en condiciones climáticas muy similares.

El mar como un recurso importante

El Estado no tiene que poner un solo dólar. Lo único que tiene que hacer es garantizar propiedad privada, contratos estables, permisos rápidos y un entorno sin corrupción. El dinero llega solo cuando hay confianza. Fondos internacionales, empresas pesqueras, inversionistas privados, todos buscan exactamente eso: estabilidad y retorno.

El impacto sería directo. Primero, abastecimiento interno de proteína a bajo costo. Segundo, exportación masiva utilizando los mismos puertos abiertos al mundo. Tercero, empleo en zonas costeras hoy olvidadas. Cuarto, desarrollo de industrias asociadas: construcción naval, mantenimiento, logística, procesamiento de alimentos.

Cuba no necesita reinventar nada. Tiene el recurso más importante ya: el mar. Lo que falta es liberar al país para que ese mar deje de ser un límite y se convierta en una plataforma económica. Si se hace bien, el sector marino puede convertirse en uno de los pilares de la economía cubana desde el primer día.

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