Menos ministerios, más miseria

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Por Jorge Sotero

La Habana.- La dictadura cubana acaba de descubrir la pólvora. Después de décadas creando ministerios, institutos, comisiones, grupos temporales, grupos permanentes, grupos de los grupos y oficinas para supervisar a las oficinas, ahora resulta que la solución a la peor crisis económica en generaciones es reducir de 27 a 20 ministerios. Qué alivio. Yo ya estaba preocupado pensando que hacían falta alimentos, combustible, inversiones o libertad económica. Menos mal que era solo un problema de organigrama.

Según el proyecto de ley, la medida busca mayor eficiencia administrativa. Es decir, el mismo Estado que no ha logrado garantizar corriente eléctrica, agua, transporte, medicinas ni comida, ahora pretende convencernos de que la salvación llegará porque dos ministros compartirán edificio y café. La economía lleva años en terapia intensiva, pero tranquilos, compatriotas: le cambiaron el nombre a algunas oficinas y todo apunta a que el PIB comenzará a crecer por obra y gracia de la burocracia reciclada.

Mi parte favorita es la creación del nuevo Ministerio de Agroalimentación. Después de convertir una potencia azucarera en un país que importa hasta los caramelos, ahora agruparán agricultura, azúcar, pesca, alimentos y bosques bajo un mismo techo. La lógica revolucionaria es fascinante: cuando algo no funciona, lo fusionan; cuando sigue sin funcionar, lo renombran; y cuando tampoco funciona con el nuevo nombre, le echan la culpa al bloqueo. Es un método científico que ni Einstein se habría atrevido a cuestionar.

Mientras tanto, la realidad sigue siendo mucho menos creativa que los decretos. Hay apagones de más de veinte horas, hospitales sin insumos, transporte inexistente y una moneda nacional que pierde valor más rápido que una promesa electoral. Pero la Asamblea Nacional, siempre atenta a las verdaderas prioridades del pueblo, dedica sus energías a mover casillas en un tablero administrativo. Es como ver a alguien intentando apagar un incendio forestal cambiando de lugar los muebles de la sala.

Dentro de unos meses nos dirán que la reorganización fue un éxito rotundo. Lo anunciarán en la televisión, con gráficos coloridos y funcionarios sonrientes. Después el cubano saldrá a buscar pan, combustible o un medicamento y volverá a encontrarse con la misma respuesta de siempre: no hay.

El problema de Cuba nunca ha sido cuántos ministerios tiene. El problema es que llevan más de sesenta años administrando la escasez y presentando cada fracaso como una victoria estratégica.

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