
¿Por qué una Cuba libre no debe copiar las políticas laborales del socialismo?
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Uno de los errores que una Cuba libre debe evitar es copiar las políticas laborales socialistas que obligan a las empresas extranjeras a contratar un porcentaje determinado de trabajadores cubanos.
Aunque a primera vista parezcan medidas para proteger el empleo nacional, en la práctica suelen generar el efecto contrario: reducen la inversión, aumentan los costos de operación y hacen que muchas empresas decidan instalarse en otros países donde existe mayor libertad para contratar según sus necesidades.
Este tipo de intervención parte de la idea de que el gobierno sabe mejor que las empresas cómo deben organizarse, una visión que ha estado presente en muchas economías socialistas e intervenidas.
Imaginemos una empresa estadounidense que quiere construir una fábrica en Cuba y necesita 100 trabajadores especializados. Si encuentra en Cuba 100 personas capacitadas para hacer el trabajo, no tendrá ninguna razón para buscarlas en otro país. Le resulta más barato contratarlas localmente, evitar gastos de transporte, alojamiento, visas y otros costos adicionales.
Pero si solo encuentra 30 trabajadores preparados y una ley le obliga a contratar 80 o 90 cubanos aunque no tengan la capacitación necesaria, la empresa enfrentará retrasos, mayores gastos y menor productividad. En muchos casos, simplemente decidirá invertir en otro país.
El inversionista necesita libertad para operar
La experiencia económica demuestra que cuando el Estado interviene para forzar determinados resultados en el mercado laboral, suelen aparecer consecuencias no previstas. Una regulación genera un problema, ese problema provoca nuevas regulaciones y poco a poco se crea una cadena de intervenciones que reduce la libertad económica, la eficiencia y la capacidad de atraer inversiones. Lo que comenzó como una medida para proteger empleos termina perjudicando precisamente la creación de nuevos empleos.
Cuando un inversionista evalúa dónde colocar su dinero, busca estabilidad jurídica, reglas claras y flexibilidad para formar los equipos de trabajo que considere más eficientes. Si el Estado comienza a imponer cuotas obligatorias de contratación, permisos especiales o restricciones burocráticas, el mensaje que recibe el empresario es simple: habrá menos libertad para operar.
En un mundo donde decenas de países compiten por atraer capital, cualquier obstáculo adicional puede significar la pérdida de miles de empleos e inversiones para Cuba.
El camino al empleo no pasa por decretos
Además, este tipo de políticas izquierdistas puede generar efectos negativos en la cultura laboral de una Cuba libre. Si una persona sabe que tiene mayores posibilidades de ser contratada simplemente por ser cubana y no porque se preparó mejor que otros candidatos, disminuyen los incentivos para estudiar, capacitarse y superarse profesionalmente.
Poco a poco se crea una mentalidad donde la protección estatal sustituye el mérito personal. Una nación próspera necesita exactamente lo contrario: ciudadanos con deseos de aprender más, trabajar más, emprender más y competir con los mejores del mundo.
La verdadera protección para el trabajador cubano no debe ser una ley que obligue a contratarlo, sino su preparación, sus conocimientos y su productividad. Si Cuba apuesta por una educación moderna, formación técnica de calidad, aprendizaje del inglés, capacitación profesional y una cultura de emprendimiento, las propias empresas preferirán contratar trabajadores cubanos. Por simple sentido común y ahorro de costos, ningún empresario buscará fuera de Cuba lo que puede encontrar dentro de Cuba.
El objetivo debe ser construir una sociedad de personas con ganas de comerse al mundo, de progresar por sus propios méritos y de aprovechar las oportunidades que ofrece una economía libre. El camino hacia más empleo no pasa por decretos ni cuotas obligatorias, sino por formar una fuerza laboral tan preparada y competitiva que las empresas quieran contratarla de manera natural. Una Cuba libre debe competir por talento, productividad y excelencia, no por imposiciones estatales heredadas de las políticas comunistas.






