
Bañarse en el Jordán sin cambiar el agua
Por Pedro Monreal (El Estado como tal)
La Habana.- Las 176 medidas son un «monstruo» (quizás más bien un híbrido deforme) que —parafraseando a Gramsci— surge «en ese claroscuro» de aparente transición de modelo económico que hoy se proclama oficialmente en Cuba. Es «bañarse en el Jordán» sin abandonar lo esencial del pasado.
El listado de las 176 medidas (que no es un paquete de reforma) «vende» una privatización parcial del modelo, asentada en una visión de la propiedad privada como privilegio o concesión revocable. Es propiedad privada instrumental y subordinada al poder político.
En ninguna parte de las 176 medidas es posible identificar un reconocimiento sustantivo del derecho a la propiedad privada. Para ello tendría que reconocerse un derecho inalienable y la limitación jurídica del poder estatal. La expropiación —mediante debido proceso— sería excepcional y justificada.
La visión «condescendiente» de la lista de las 176 medidas respecto a lo privado se refleja en el uso y abuso del verbo «permitir», que se repite 29 veces en el texto. «Permitir» es una postura permisiva del poder («te dejo tener»).
Lo que está ausente en las 176 medidas, a pesar de su interés en seducir a inversionistas privados, es el reconocimiento de la propiedad privada como derecho, lo que limitaría el poder del Estado («eso es tuyo y no te lo puedo arrebatar arbitrariamente»).
El documento con las 176 medidas no menciona términos como protección de propiedad privada, solución negociada de disputas, arbitraje comercial, cortes, reclamación o compensación, que son imprescindibles para el nivel de actividad privada que parece anhelar el documento.
Durante la presentación inicial de las 176 medidas se informó que habría que revisar y elaborar unas 180 normas jurídicas, pero parece poco probable que incluyan el tipo de visión del derecho de propiedad que necesita la expansión de la empresa privada a la que parece aspirarse.






