
Cuando la esperanza se apaga
Por Marianela Martín ()
La Habana.- Paren la Guiteras y repárenla con el dinero que lleva. Y con vergüenza. Esto ya no es vida. Si tenemos que estar un año sin sus megawatts, ya no nos importa: en la práctica, ella ya no sirve. Siempre con un problema distinto, a veces nos parece puro invento, una burla más al sentido común. Pero sabemos que la Guiteras es una momia, quizás la metáfora más realista de la Cuba que agoniza.
Desde después del 1 de mayo, el apagón es total casi todo el tiempo. En el bloque 3, al que pertenezco, apenas contamos con dos horas diarias de corriente. Tuvimos un breve respiro durante las honras fúnebres del compañero Ramiro Valdés: ese día el fluido no faltó hasta bien entrada la noche.
Las comidas se echan a perder, y cuestan muy caras, incluida la de mis gatos, que no entienden de bloqueos y descaros. El caos es total porque el dinero que tienes en la tarjeta no sirve para comprar alimentos: ya casi nadie acepta transferencias. Sin comida, sin luz, sin agua, sin dinero —aunque lo hayas sudado y lo tengas digital—, sin mil cosas durante tanto tiempo, ya no queda esperanza de nada.
Hoy escuchaba en mi radiecito de pilas, por Radio Rebelde, que el presidente del Consejo Nacional de Defensa, en un consejo popular de la capital, orientó garantizar las reservas de agua en caso de agresión al país. Eso me ha dejado noqueada. ¿Y el agua del hoy, del ahora? ¿Y la luz del hoy y del ahora? ¿Y las esperanzas del hoy y del ahora?
Mi día empezó bien triste. Supe que una embarazada se suicidó. Con todos los que he hablado, están deprimidos. Entre ellas, mujeres coraje, nada de mujeres de porcelana. ¿Hasta cuándo esta agonía? Necesito una brújula, no paquetes de medidas que me indignan más que proyectar una vida más digna, porque llegan cuando ya no hay casi nada que salvar. Cuando no tenemos nada. Cuando se nos agota hasta la confianza de lo fuertes que somos.
(Marianela Martín es periodista del oficialismo)





