Parques solares no logran aliviar la crisis eléctrica en Ciego de Ávila pese a nuevas inversiones

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Por Jorge Sotero

Ciego de Ávila.- La gran promesa de la transición energética vuelve a tropezar con la realidad. Los nueve parques solares fotovoltaicos instalados en Ciego de Ávila exhiben cifras que, sobre el papel, deberían representar un alivio para una población castigada por apagones interminables. Sin embargo, basta una jornada de nubosidad para que la generación caiga muy por debajo de lo esperado y deje en evidencia una verdad incómoda: el sistema eléctrico cubano continúa dependiendo de una infraestructura tan frágil que ni siquiera la incorporación de nuevas fuentes renovables logra modificar el panorama cotidiano de millones de personas.

El dato de los 54,5 MW generados durante el sábado revela precisamente esa vulnerabilidad. No se trata de cuestionar la energía solar como alternativa, sino de reconocer que vender estos parques como una solución estructural resulta, cuando menos, engañoso. La dependencia de las condiciones climáticas era conocida desde el inicio del proyecto, por lo que sorprende que las autoridades presenten cada nueva instalación como un paso decisivo hacia la estabilidad energética, mientras la realidad demuestra que el déficit de generación sigue siendo enorme.

Más preocupante aún es la contradicción en el discurso oficial. Hoy se asegura que todas las instalaciones funcionan a plenitud, pero hace apenas unos meses se admitía que operaban con limitaciones e incluso que las irregularidades podían comprometer el Sistema Eléctrico Nacional.

Esa diferencia de versiones no solo alimenta dudas sobre el verdadero estado de los parques, sino que erosiona la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad de informar a la ciudadanía. Cuando los datos cambian sin una explicación convincente, la desconfianza termina ocupando el lugar de la transparencia.

Mientras tanto, los ciudadanos continúan enfrentando la consecuencia más dura de esta crisis: apagones que superan las veinte horas diarias y apenas una hora y media de servicio eléctrico. Esa es la cifra que realmente importa. Poco consuelo representa inaugurar parques fotovoltaicos si, al caer la noche, la oscuridad vuelve a imponerse. La energía renovable constituye una inversión necesaria, pero sin capacidad de almacenamiento, sin respaldo térmico eficiente y sin una red eléctrica modernizada, su impacto seguirá siendo insuficiente para responder a la demanda nacional.

Al final, el problema no radica únicamente en cuántos parques solares se construyen, sino en la narrativa que acompaña cada inauguración. La población no necesita anuncios optimistas ni balances triunfalistas; necesita resultados.

Por eso vemos la desfachatez de las autoridades celebrando megavatios instalados, sin embargo, los cubanos continúan organizando sus vidas alrededor del próximo apagón. Esa distancia entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana es, hoy por hoy, el mayor símbolo de una crisis energética que sigue sin encontrar una solución real.

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