
El rey de las estadísticas de mentira
Por Jorge Sotero
La Habana.- No hay nada más triste que un gobernante que se aferra a números imaginarios mientras su pueblo se desmorona. Díaz-Canel se sienta frente a un periodista dominicano-cubano, estira el cuello con esa pose de estadista que tanto ensaya, y suelta dos o tres cifras que ni siquiera pasan el filtro de un niño de primaria.
Dice que Cuba es uno de los cinco países con mejor dinámica de crecimiento en el mundo en la energía fotovoltaica. Cinco. En el mundo. ¿Y en qué planeta vive este hombre? Porque en el planeta Cuba, el planeta real, el que se levanta sin café y se acuesta sin electricidad, el crecimiento no aparece por ningún lado. Lo que aparece son colas, apagones y una inflación que ya no tiene nombre. Pero él habla de crecimiento como quien habla de un jardín secreto que nadie más puede ver.
Y sigue con lo de la energía fotovoltaica. Pasamos del tres al diez por ciento, dice. Cinco mil viviendas aisladas, cinco mil personas con problemas físicos, cinco mil destacados. Todo suena tan bonito, tan redondo, tan perfectamente mentiroso. Como si el sol se hubiera puesto de acuerdo con la revolución para salvar el sistema.

Pero el pueblo no come luz solar, señor presidente. El pueblo necesita neveras que funcionen, ventiladores que giren, bombillos que enciendan cuando oscurece. Y lo que hay son apagones de ocho, diez, doce y hasta 50 horas.
Incluso, dice que sin esos parques el país estaría en un blackout tremendo. Pues déjeme decirle, con todo respeto: el blackout ya está aquí. No es tremendo, es catastrófico, y lo único que lo salva es que los cubanos ya nos acostumbramos a vivir en la oscuridad.
Mentiras y justificaciones
Pero lo más grave, lo que realmente indigna, es la desfachatez. Porque este discurso no está pensado para los cubanos, sino para el periodista extranjero, que parece tragarse la píldora, y que luego se irá a su hotel con aire acondicionado.
Díaz-Canel habla (https://www.youtube.com/watch?v=zaq5odO3Yn4) como si no supiera que en cada municipio, en cada barrio, la gente está desesperada. Habla de los servicios esenciales de los municipios como si fueran un sueño cumplido, cuando en realidad los centros de salud no tienen medicinas, las escuelas no tienen libros y el agua llega cada tres días. Pero él se vanagloria de cinco mil viviendas aisladas, como si eso fuera un logro y no una limosna disfrazada de política social.
¿Y las otras viviendas, las que no están aisladas? Esas donde la gente vive apiñada, sin techos, sin dignidad, esperando que algún día el gobierno se acuerde de que existen.
Lo peor de todo es que él se cree estas mentiras. O quizás no se las cree, pero las repite con tal convicción que hasta podría engañarse a sí mismo. Esa es la tragedia de los cortesanos: terminan confundiendo el palacio con la realidad.
Mientras él habla de crecimiento y de energía limpia, su pueblo está comiendo arroz con lo que encuentra, sin agua, sin trabajo, sin futuro. Y los únicos que crecen aquí son los bolsillos de los generales y los caprichos de una familia que lleva seis décadas confundiendo la patria con su propio jardín. Pero no se preocupe, señor presidente: algún día las estadísticas de mentira se acaban y la historia no perdona a los que viven de las apariencias mientras el pueblo muere de verdad.






