
Régimen cubano insiste en vender éxito del programa materno infantil en medio de caída de nacimientos
Por Yeison Derulo
Bayamo.- Bayamo anda de fiesta. No porque haya comida, transporte o electricidad estable —tampoco pidamos milagros—, sino porque llegaron las visitas integrales del Programa de Atención Materno Infantil, esa especie de safari burocrático donde un ejército de doctores, funcionarios y especialistas recorre policlínicos como si estuvieran inspeccionando la NASA y no un sistema sanitario donde a veces falta hasta alcohol para limpiar una herida.
Aterrizó en el policlínico René Vallejo Ortiz toda una comitiva ministerial encabezada por el doctor Omar Milián Ramírez, quien seguramente descubrió algo revolucionario: que la Atención Primaria de Salud sigue siendo importante. Tremendo hallazgo científico.
Mientras tanto, las mujeres cubanas hacen cálculos más complejos que los de la NASA para decidir si traer un niño al mundo o ahorrarle la experiencia premium de crecer entre apagones, colas infinitas y una libreta que da más nostalgia que comida.
Durante el recorrido, según dice La Demajagua, se habló, cómo no, del “papel decisivo” de la atención primaria en prevenir riesgos obstétricos y pediátricos. Uno lee eso y parece que Cuba estuviera a la vanguardia mundial en maternidad. Casi dan ganas de pensar que parir en Bayamo es una experiencia cinco estrellas, salvo por detalles menores como la escasez de medicamentos, la crisis hospitalaria y el hecho insignificante de que muchas madres tienen que resolver hasta el jabón por su cuenta.
En el área de salud 13 de Marzo, la doctora Dayana Coto Núñez verificó que la intervención sanitaria compleja se aplica al 100 % de gestantes y lactantes. Qué alivio. El país podrá estar en ruinas, pero al menos las estadísticas van impecables. Si algo domina este sistema es la capacidad de convertir cualquier desastre nacional en una tabla Excel reluciente, donde todo sale bonito aunque la realidad se empeñe en llevar la contraria.
La salud materno infantil sigue siendo prioridad, repiten. Y claro que lo es: hay que cuidar a los pocos valientes —o temerarios— que todavía consideran la posibilidad de tener hijos en un país donde el futuro parece una película de suspenso.
Cuba no necesita campañas para incentivar nacimientos; necesita convencer a la gente de que traer un niño aquí no es inscribirlo automáticamente en un reality show llamado “sobrevive como puedas”.






