
La feria de las ilusiones
Por Jorge Sotero
La Habana.- Juan Carlos García presentó FITCuba 2026 como una “ventana abierta a experiencias y oportunidades”. Lo curioso es que la ventana parece abrir directamente hacia un apagón. Mientras el ministro habla de oportunidades, medio país anda buscando una toma con corriente para cargar el móvil y poder, al menos, enterarse de cuáles son esas maravillas turísticas que prometen desde un evento virtual. Porque sí, en Cuba ya hasta el turismo se promociona a distancia, quizás para evitar que el visitante vea demasiado de cerca la realidad.
La Feria Internacional de Turismo arrancó este jueves de manera virtual, una decisión que parece bastante lógica: así nadie tropieza con un bache, no sufre falta de agua en el hotel y tampoco tiene que lidiar con un elevador roto en plena estancia. FITCuba descubrió el truco perfecto: vender el país mejor desde la pantalla, donde no huele a combustible escaso ni se escuchan los vecinos maldiciendo por otro corte eléctrico.
El ministro habla con entusiasmo de “diálogo, intercambio y proyección estratégica”. Traducido al cubano de a pie: muchas palabras elegantes para explicar lo mismo de todos los años. Cuba sigue siendo ese destino donde te prometen autenticidad, sostenibilidad y excelencia, mientras el turista cruza los dedos para que haya pollo en el buffet y agua en la ducha. La resiliencia, más que un concepto turístico, parece ser el verdadero souvenir nacional.
También aseguran que trabajan en mantenimiento de hoteles, protección de playas y fortalecimiento de servicios. Uno imagina a algún funcionario redactando eso con una seriedad admirable, como si no existieran instalaciones donde la pintura se cae más rápido que las esperanzas económicas del país. Eso sí, en el papel todo luce impecable: infraestructuras sostenibles, calidad garantizada y ecosistemas protegidos. Una maravilla, casi ciencia ficción tropical.
Al final, FITCuba vuelve a vender el mismo sueño envuelto en palabras bonitas. Destino seguro, atractivo y resiliente. Tan resiliente que el turista probablemente termine desarrollando habilidades de supervivencia básicas durante sus vacaciones.
Cuba no promociona un simple viaje; ofrece una experiencia inmersiva donde el visitante puede conocer playas hermosas, arquitectura colonial y, de paso, entender en carne propia lo que significa adaptarse constantemente a la improvisación. Todo incluido, menos la certeza.






