¿Qué intenta esconder el régimen cubano con la quema masiva de expedientes?

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- La información llega como un reguero de pólvora: fuentes internas del Ministerio del Interior cubano filtran una orden directa desde la cúpula del régimen para destruir expedientes personales de altos oficiales en todo el país.

No se trata de una limpieza administrativa ni de una actualización de archivos. Es una operación que ellos mismos denominan, sin tapujos, de “limpieza de evidencias”. Y la pregunta que no podemos dejar de hacernos es muy simple, pero también muy incómoda: ¿qué es lo que están tratando de borrar?

No es la primera vez que vemos esta película. Quienes siguen la lógica del poder en la isla recordarán aquel episodio en Ecuador, cuando el presidente Álvaro Noboa expulsó a los diplomáticos cubanos y, en lugar de hacer una salida ordenada, los funcionarios de la embajada de Cuba en Quito se dieron a la tarea de destruir documentos con una premura que levantó todas las sospechas.

¿Qué intenta esconder el régimen cubano con la quema masiva de expedientes?
Diplomáticos cubanos queman documentos antes de dejar Ecuador

Aquella vez también hubo quemas, también hubo carreras contra el tiempo, también hubo silencio oficial. Ahora la escena se repite, pero multiplicada: no es una embajada, es todo el país.

Borrar secuelas de operativos, órdenes…

Según la filtración, los propios oficiales están recibiendo físicamente sus expedientes personales con una orden clara: quemarlos. Sin dejar copia. Sin respaldo en archivos centrales. Y lo que contienen esos expedientes no son simples currículos ni constancias de años de servicio. Hablamos de historiales de operativos, órdenes ejecutadas, actividades de inteligencia y, quizás lo más grave, posibles evidencias relacionadas con acciones represivas dentro del aparato de Seguridad del Estado. En otras palabras: el mapa de la represión, ardiendo en una fogata oficial.

Uno se pregunta: ¿qué tipo de régimen ordena a sus propios altos mandos destruir su propia historia institucional? ¿Qué nivel de paranoia o de urgencia puede llevar a una estructura tan vertical como la cubana a tomar una decisión tan radical?

Los analistas consultados son claros: este tipo de acciones suelen asociarse a momentos de alta tensión política o temor institucional ante posibles escenarios de transición. Es decir, cuando el poder huele que el final puede estar más cerca de lo que quisiera, empieza a borrar huellas.

Quemar documentos no borra la responsabilidad

Y aquí es donde la sospecha se vuelve inevitable: ¿ven tan cerca el final los altos mandos del régimen? ¿Están preparando el terreno para una eventual rendición de cuentas? Porque quemar documentos no es un acto administrativo, es un acto de guerra contra la memoria y contra la verdad. Es la confesión, en el fondo, de que hay algo que no debe ser visto. Algo que pesa. Algo que compromete. Algo que, si llegara a manos de la justicia, podría convertirse en prueba irrefutable.

Desde este espacio insistimos: la destrucción de documentos no borra la historia ni elimina la responsabilidad. Quemar papeles puede retrasar la verdad, pero no cancelarla.

La información sigue filtrándose, los testimonios siguen apareciendo, y la conciencia de un pueblo que ha vivido décadas de oscuridad no se apaga con unas cuantas llamas. Así que mientras las cenizas vuelan en Cuba, nosotros seguimos preguntando: ¿qué esconden? ¿A qué le temen? Y sobre todo: ¿por qué ahora?

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