Sesenta y siete años fabricando una verdad de utilería

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Por Anette Espinosa

La Habana.- Prensa Latina cumple 67 años y sus directivos celebran el aniversario hablando de objetividad, verdad y comunicación emancipadora. Lo curioso es que llevan más de seis décadas pronunciando esas mismas palabras mientras ejercen exactamente lo contrario.

Si algo ha caracterizado a la agencia fundada por Fidel Castro, el Che Guevara y Jorge Ricardo Masetti no ha sido la búsqueda de la verdad, sino la defensa incondicional de una versión oficial de la realidad cubana. Una agencia de noticias puede tener una línea editorial, pero cuando la línea editorial sustituye a los hechos, deja de ser periodismo para convertirse en propaganda.

Resulta particularmente llamativo escuchar a sus dirigentes afirmar que son «objetivos pero no imparciales». La frase parece ingeniosa hasta que uno revisa la cobertura de los acontecimientos más importantes ocurridos en Cuba durante las últimas décadas. Los apagones históricos, la escasez crónica de alimentos, el éxodo masivo de cubanos, las protestas del 11 de julio, la existencia de presos políticos o el colapso de servicios básicos rara vez aparecen reflejados con la profundidad y la honestidad que exigen los ciudadanos. En cambio, abundan las notas sobre solidaridad internacional, reuniones oficiales y supuestos éxitos económicos que pocas veces coinciden con la realidad que vive la gente en las calles.

Prensa Latina asegura haber nacido para romper el monopolio informativo de las grandes agencias occidentales. Sin embargo, terminó construyendo su propio monopolio narrativo dentro de Cuba. Durante décadas, millones de cubanos solo tuvieron acceso a una versión cuidadosamente filtrada de los acontecimientos nacionales e internacionales. Mientras el país se deterioraba, la prensa oficial seguía hablando de avances, resistencia y victorias. La distancia entre el discurso y la vida cotidiana llegó a ser tan grande que muchos ciudadanos dejaron de creer en cualquier información procedente de los medios estatales.

La gran contradicción de Prensa Latina es que se presenta como una voz alternativa cuando en realidad forma parte del aparato comunicacional de un Estado que no tolera medios independientes dentro de sus fronteras. Hablar de pluralidad informativa mientras se restringe el ejercicio libre del periodismo es una contradicción difícil de sostener. Una verdadera comunicación emancipadora exige diversidad de voces, debate abierto y capacidad para fiscalizar al poder. Nada de eso puede florecer donde la crítica es vista como una amenaza y no como una necesidad.

Después de 67 años, el principal desafío de Prensa Latina no es tecnológico ni económico. Tampoco pasa por modernizar plataformas o ampliar corresponsalías. Su verdadero problema es de credibilidad. Una agencia puede repetir mil veces que está al servicio de la verdad, pero cuando generaciones enteras aprenden a buscar la información en cualquier otro sitio, el problema ya no está en el mensaje. Está en la confianza perdida.

Recuperar esa confianza resulta mucho más difícil que inaugurar un nuevo aniversario.

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