
El Comunismo No Tiene Derecho a Repetir su Crimen
Por JOrge L. León (Historiador e Investigador)
Razones para Prohibir al Partido Comunista en la Nueva República de Cuba.
Houston.- La pluralidad política constituye uno de los pilares fundamentales de toda democracia auténtica. Sin embargo, pluralidad no significa ingenuidad. La libertad no puede convertirse en el mecanismo que permita el regreso de quienes destruyeron precisamente esa libertad.
La futura República democrática cubana deberá garantizar el derecho de los ciudadanos a organizarse políticamente, expresar ideas y participar en la vida pública. Pero existe una excepción histórica y moral que no puede ser ignorada: el Partido Comunista de Cuba.
No se trata de una diferencia ideológica. No se trata de una disputa doctrinal. Se trata de la responsabilidad histórica de una organización que durante más de seis décadas destruyó las instituciones republicanas, eliminó las libertades fundamentales, encarceló a miles de opositores, provocó el exilio de millones de cubanos y condujo al país a la ruina económica, social y moral.
Las evidencias hablan por sí solas.
Europa contra los totalitarismos
Numerosos países que padecieron regímenes totalitarios han tomado medidas legales para impedir el regreso de organizaciones responsables de la destrucción de la democracia. En varios Estados de Europa Oriental surgidos tras la caída del bloque soviético, se prohibieron símbolos, organizaciones y formas de propaganda asociadas a sistemas totalitarios.
En países como Ucrania, Lituania, Letonia y Estonia se establecieron restricciones contra estructuras vinculadas al comunismo soviético por considerarlas incompatibles con el orden democrático y con la memoria de sus víctimas.
La razón es simple: una democracia no está obligada a financiar, proteger o tolerar movimientos cuyo objetivo declarado o real sea destruir la propia democracia.
El Partido Comunista de Cuba no fue un partido político convencional. Fue el instrumento central de un sistema de dominación absoluta. Desde él se organizaron los mecanismos de vigilancia social, la persecución ideológica, la censura cultural, el control de los medios de comunicación, la subordinación de los tribunales y la eliminación de toda competencia política.
Bajo su dirección desaparecieron la independencia de poderes, la libertad de prensa, el pluralismo político y los derechos económicos básicos de los ciudadanos.
La historia lo muestra
El resultado histórico es visible para todos. Una nación empobrecida. Una infraestructura devastada. Millones de cubanos obligados a emigrar. Generaciones enteras educadas bajo la propaganda y el miedo. Una profunda erosión de los valores cívicos y de la confianza social.
Por ello, la futura Constitución democrática deberá establecer la ilegalización permanente de cualquier organización que promueva los principios fundamentales del comunismo totalitario o que pretenda restaurar las estructuras políticas responsables de la opresión nacional. No importa el nombre que adopten. No importa el disfraz ideológico que utilicen. No importa la retórica moderada que intenten presentar.
Si el programa persigue el monopolio político, la supresión de las libertades individuales, la subordinación del ciudadano al Estado o la imposición de una ideología única, deberá ser declarado incompatible con la democracia cubana.
La historia enseña que los enemigos de la libertad suelen regresar utilizando nuevos lenguajes y nuevas máscaras. Los cubanos no podemos permitirnos semejante error.
La reconciliación nacional exige justicia. La justicia exige memoria. Y la memoria exige impedir que los responsables de la destrucción de Cuba vuelvan a ocupar espacios desde los cuales puedan repetir sus crímenes.
La república nueva, con derechos y memoria
La nueva República tendrá que ser generosa con las personas, pero inflexible con las estructuras criminales que destruyeron la nación.
Los individuos tendrán derechos. Las ideas podrán debatirse. Pero el aparato político responsable de la mayor tragedia nacional de nuestra historia no podrá reclamar legitimidad democrática.
El Partido Comunista de Cuba perdió ese derecho cuando convirtió la libertad en delito, la discrepancia en persecución y a toda una nación en rehén de su poder.
La democracia cubana deberá nacer con memoria. Y una democracia con memoria jamás permitirá el regreso de quienes la asesinaron.






