Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvergencia.org)
Pinar del Río.- Alcanzar la libertad y la democracia en Cuba se ha convertido, después del 3 de enero de 2026, en una cuestión de tiempo y de cómo. De tiempo, porque casi nadie duda que “algo tiene que pasar”, solo es cuestión de cuándo sucederá. Es una cuestión de “cómo” porque no sabemos los detalles de cómo será el cambio, aunque sabemos que será.
A medida que pasa el tiempo, aumenta el riesgo de la violencia, de la explosión, del caos.
A medida que pasa el tiempo el pueblo sufre más, la agonía se alarga y la responsabilidad de los que no quieren cambiar aumenta.
A medida que pasa el tiempo, se agota la paciencia, se agotan las alternativas más razonables. El aguante de los pueblos no es infinito. No se debe tentar al diablo.
A medida que pasa el tiempo, surgen propuestas desesperadas, soluciones de última hora, pataleo de ahogados y alternativas movidas por diferentes intereses, sobre todo, por dos intereses: por llegar primero al poder y por llegar primero al tener.
Por todo lo anterior, es que decimos que la libertad de Cuba también es un asunto de prioridades. Sí, de cuáles sean las prioridades en el complejo y difícil proceso de la transición cubana. Reflexionemos:
1.Si se abre la puerta a la violencia en lugar de a la negociación: la libertad y la democracia en Cuba volverán a estar manchadas de sangre y opresión. Cuba ya ha experimentado estos cambios violentos seguidos de cárcel, paredón y dolor inenarrable. No deberíamos repetir esas historias. En los caminos de la libertad verdadera la prioridad deben ser la negociación y los cambios pacíficos.
2.Si se aferran al poder, sin cambiar, conducirán a soluciones que nadie desea y a resultados que podrían ser evitados. La mejor solución, aunque nos parezca casi imposible, sería que la prioridad fuera ceder, echarse a un lado, marcharse, en lugar de empecinarse sin soluciones ni futuro realista.
3.Si las alternativas son fruto de la improvisación, del pataleteo, o de una desleal carrera por ver quién llega primero al poder, usando cualquier medio. O una carrera por el “tener” acceso al derecho de piso, o a ventajas económicas, usando cualquier medio. Cuba volverá a sufrir el caudillismo, el populismo, el autoritarismo de cualquier signo. Cuba volverá a sufrir las consecuencias nefastas de poner los intereses materiales, económicos, por encima de la verdadera política, de los cambios estructurales y sistémicos, pero sobre todo, sufriremos las consecuencias de cuando el poder y el tener se ponen por encima del ser, de la libertad y de la dignidad de las personas.
La verdadera libertad de Cuba y su transición a una democracia de calidad necesitan garantizar estas prioridades:
1. Que se agoten todos los medios, negociaciones y salidas pacíficas para que el pueblo no tenga que sufrir, aún más, esta agonía invivible.
2. Que el ser persona libre y responsable, con respeto a su dignidad, derechos y libertades estén por encima de los intereses del poder y del tener.
3. Que el ejercicio del poder sea siempre como un servicio público y que se priorice la elección de programas con políticas públicas antes que buscar nuevos caudillos o populistas mesiánicos, “salvadores” de la Patria.
4. Cuba, todos los cubanos, los de la Isla y los de la Diáspora, cada cual con su servicio, debemos ser los principales protagonistas y diseñadores de la reconstrucción de nuestra Patria. Ninguna ayuda externa, de cualquier latitud, puede sustituir la responsabilidad de nosotros los cubanos en prever y edificar nuestro futuro.
5. Que los cambios políticos, sistémicos y estructurales vayan primero, o simultáneamente, con los cambios meramente económicos, única alternativa para que nuestros hermanos cubanos de cualquier latitud, y toda persona de buena voluntad, tengan las garantías necesarias y suficientes, no solo jurídicas, sino de todo el sistema político, que son indispensables para atraer las inversiones, las transferencias tecnológicas, las empresas, el talento, la creatividad, el sistema bancario, la bolsa de valores y todas las demás estructuras indispensables para la reconstrucción de Cuba. Sin cambio político no hay cambio económico verdadero ni duradero. No hay ninguna garantía sin cambio político.
Cuba es diferente de Venezuela en su sistema político, jurídico, constitucional y de poder. Cuba es el único país que ha sufrido un sistema totalitario en este hemisferio por más de 67 años. Este es un dato no menos importante que habría que tener en cuenta. Cuba merece que se elijan correctamente las prioridades para no volver a engañarnos, para, como dicen los guajiros, “no poner la carreta delante de los bueyes”: la reformas económicas delante de las reformas políticas, porque no andará la carreta, ni los bueyes podrán tirar de nada. Prestemos atención a la sabiduría campesina y popular.
No se sale de un sistema de control totalitario sin cambiar, política y estructuralmente, el totalitarismo que, como todos hemos experimentado, es irreformable y siempre quiere aferrarse al control. Aunque suelte tres flecos, siempre mantiene el tejido íntegro del poder que “agarra el saco por la boca, aunque tenga huecos”.
Ya lo dice Jesucristo en la Biblia:
“No se pueden poner parches nuevos en sacos viejos”. “No se puede echar vino nuevo en odres viejos” (Lucas 5, 36). No se puede concebir una vida nueva en estructuras viejas.
Con nuevos parches, aunque parezcan novedosos, no se puede diseñar la libertad auténtica, la democracia verdadera y el progreso de Cuba.
No perdamos más tiempo inventando “soluciones frankenstein”. Todo, o casi todo, lo que funciona bien, ya está inventado. Cuba merece vivir los cambios políticos, económicos, sociales y antropológicos (morales y espirituales) que son los únicos que, todos en mutua sinergia y complementación, le abrirán las puertas del mejor porvenir.
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