Por Javier Bobadilla ()
La Habana.- No ha sido fácil tener una opinión. Así que me fui hasta abajo con Pablito.
¿Qué si soy violenta y tierna? Qué va. La prefiero compartida. Donde te encontré ha crecido un árbol. O déjame decirle a la pura: conocí una muchacha de baja estatura, pelito rizado y la cara súper chula. Porque tampoco puede ser todo abstracto. Y al final, compartida deja. No la quería.
La gente me pregunta que cuándo va a ser. A todos les digo que en abril. Conscientemente, no tengo ni puta idea. Digo abril como manejo por la cuadra de la panadería: con cuatro baches, dos poncheras, tres carretillas y la gente metía en medio de la calle. El cuerpo maneja solo. La mente consciente ni siquiera intenta plantearse el problema.
El cómo va a ser es otro asunto. Sabemos que no van a entrar a llevarse a DC, porque DC no vale nada. Pero Raúl tampoco vale nada.
En Irán lo demostraron. Ayatollah es cualquiera. La maquinaria no se destruye con cohetes. Tienes que destruirla tú. La maquinaria está ahí, al lado tuyo. Se fortalece cada vez que obedeces, se debilita cuando no. Se puede romper sin dar un golpe.
Una amiga de Eslovenia me dice que Trump no sabe resolver las cosas hablando, y que en Cuba solo saben hablar. Así que es un despropósito total. Interesante cómo se ve esto desde afuera. Los de dentro sabemos que hablar es el arma definitiva. Hablar con el primero, decirle que vas a cuadrar con el segundo. Decirle al segundo que cuadraste con el primero, y que ya te puede mandar el petróleo. El primero y el segundo se miran confundidos cuando, en lugar de liberar a los presos políticos, sueltas a todos los arrebatadores de gorras y vendedores de maní que tenías en la cárcel. Y te quedas así, tan sonriente…
Es como decirle a Chichito que Manolitico le quiere comprar los Adidas, y a Manolitico que Chichito le quiere vender los Adidas. Recoges el dinero, los Adidas, y a la semana siguiente apareces en el barrio tomando cerveza con los tenis puestos. Así de estúpido, así de evidente. Y así de normal, veho, porque contigo no hay na’ de eso.
En la cubierta del Anatoly Kolodkin, Oliver Zamora se insulta cuando le dicen que al barco lo dejaron pasar. ¿Cómo que «dejaron»? ¿A la todopoderosa Cuba? Con el miedo que nos tiene Trump…
Oliver Zamora, cuando se lee el libro de historia, siempre se salta la parte en que los rusos retiraron los misiles y a Fidel le dio una perreta de impotencia que le duró años, y que por poco causa una ruptura con la URSS.
Pero volviendo a los presos «liberados»: están haciendo espacio en la cárcel. Para lo que viene. En Cuba no hay presos políticos. Hay gente con hambre, gente enferma, gente sin agua ni corriente, gente cansada de no vivir. Y pronto habrá más.
¿La apertura económica? En Cuba nunca ha habido una apertura económica. En Cuba se encuentra un punto que va a invertir, y se le diseña una «apertura» para hacerlo legal. Porque viven esa fantasía de legalidad, y la exportan. Los emprendedores locales ven la «apertura» y desesperadamente tratan de ponerse el traje. Algunos logran algo parecido a ponérselo, aunque suele ser un traje con medidas muy extrañas: menos pensado para que le sirva al dueño que para que no le sirva a nadie más.
La importación de combustible, los paneles solares y demás son de este tipo. Los privados se retuercen y contorsionan hasta que algunos logran colar. Se sienten bien porque ganan miles. El punto que iba a invertir, para el cual diseñaron la «apertura», gana millones sin esfuerzo. Mientras, las convulsiones de los privados suben los precios. Entonces el punto que invirtió —detrás del cual está GAESA— gana aún más, con menos esfuerzo.
Aquí todos estamos puestos, en un bando y en el otro. No queda nadie confundido, excepto los privados.
El dólar va por 515, y de eso ya ni se habla. Los que aseguraban triunfantes que iba a bajar, esgrimiendo una matemática con nombre muy largo pero falsa como billete de cuatro pesos, hacen un silencio ensordecedor. O hablan de otras cosas, pero siempre mierda.
Esos también están confundidos. Piensan que uno no sabe matemática, ni leyes, ni historia, ni otros países. Subestiman porque se sienten indestructibles. Son como el estúpido de los tenis.
¿Ya no escribo? ¿Para qué? ¿Para que me vuelvas a encontrar una noche por ahí y me digas: «Coño, asere, tú eres el tipo más valiente que yo he visto, pero yo me quiero ir del país»?
Si esto «mejora» —y noten el uso de la mayúscula y las comillas—, Cuba se va a quedar vacía. En el momento justo en que los americanos abran la frontera, o cualquiera por ahí empiece a dar entrada sin mirar, la ola migratoria va a dejar chiquito el concepto actual de «ola migratoria».
¿Por qué, si va a «mejorar»? Porque se sabe que cada nueva «mejora» es más corta, de menor intensidad, más desorganizada. Hay que ganarse el dinero de la pira y zafar. Los cubanos pueden defalcar un casino de Las Vegas porque tienen un afiladísimo sentido de cuándo recoger las ganancias y clavar los pinchos.
Entonces, ya no queremos nada. ¿Nuevas medidas? ¿Apertura política? ¿Corriente y comida? ¿Conversaciones? ¿Diplomacia? ¿Apoyo internacional? ¿Otro barco de petróleo? ¿Tú has visto la corriente del petróleo que trajo este barco? Yo no.
Guarde usted ese documento. Libertad, y que se parta el barco. Ya no queremos soluciones, queremos problemas.
P.D. Los dibujos son de El Descoyuntado.
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