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Por Albert Fonse ()
Vancouver.- La dictadura cubana está jugando todas sus cartas en estas negociaciones con la administración Trump, y lo que se está viendo no es improvisación, es una estrategia calculada de todo o nada. Están tratando de redirigir la conversación hacia un terreno donde se sienten cómodos: lo económico, mientras blindan completamente lo político.
Por un lado, aparecen figuras como Ricardo Herrero y el vocero de Cuba Study Group, que aunque en ciertos momentos intentan marcar distancia o endurecer el discurso, termina dejando claro el enfoque real es cambios económicos, después, si acaso, lo demás. Ese mensaje no es casual, es exactamente lo que el régimen quiere posicionar. Abrir la economía lo suficiente para atraer inversión, generar oxígeno financiero y dar una imagen de “reforma”, sin tocar el poder real.
Al mismo tiempo, ves el show de Sandro Castro usando el humor para ir normalizando la idea de una negociación con Estados Unidos, incluso dejando caer insinuaciones sobre posibles concesiones a Trump, como el hotel que construyó Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, padre del Cangrejo y figura clave que ahora se sabe está detrás de esas negociaciones. No es improvisación ni choteo espontáneo, es propaganda disfrazada de burla, diseñada para preparar el terreno psicológico.
El mensaje oficial, concentrado en las declaraciones del viceministro del régimen Cossío, deja ver toda la línea estratégica del régimen. Afirma que están preparados incluso para una invasión estadounidense, al mismo tiempo que deja claro que no están sobre la mesa ni la liberación de presos políticos, ni cambios estructurales del sistema, ni modificaciones en la cúpula del poder. La única concesión que mencionan es económica: la disposición a indemnizar las propiedades confiscadas desde 1959. Todo está en una misma línea, resistencia política absoluta combinada con apertura económica controlada.
Lo que están poniendo sobre la mesa es un intercambio muy claro: negocios y dinero a cambio de legitimidad y permanencia. Le están diciendo a Washington, especialmente a alguien con mentalidad negociadora como Trump: aquí hay oportunidades económicas, aquí hay compensaciones, aquí hay estabilidad para invertir, pero no te metas en cómo se gobierna Cuba.
Pero mientras esto pasa, un portaaviones estadounidense se aproxima a Panamá, elevando la presión militar en la región. Sumado a la presencia naval que ya tiene Estados Unidos en el Caribe, las tensiones pueden escalar rápidamente y el escenario que el propio régimen menciona como amenaza podría acercarse más a la realidad.
Lo otro es que Marco Rubio no es alguien a quien se le pueda engañar con concesiones superficiales o maniobras tácticas. Conoce al régimen cubano, conoce sus métodos y entiende perfectamente que sin cambios políticos reales no hay solución sostenible.
Conclusión: Mientras la dictadura intenta manipular la narrativa, ganar tiempo y empujar las negociaciones hacia un terreno económico que les permita sobrevivir sin ceder poder, la administración Trump va perdiendo la paciencia y su sueño de invasión estadounidense puede hacérseles realidad.