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Por Anette Espinosa

La Habana.- El Consejo de Ministros volvió a reunirse para hacer lo que mejor sabe hacer: producir documentos kilométricos llenos de metas, compromisos, indicadores y palabras tan pomposas que uno termina pensando que Cuba es una potencia nórdica en plena expansión económica.

Esta vez aprobaron el Programa Económico y Social para 2026, que suena importantísimo, como si no vinieran aprobando programas, lineamientos, estrategias y planes milagrosos desde que el dominó se inventó en la isla.

Manuel Marrero, con esa fe inquebrantable que ni la inflación logra tumbar, pidió que “cada cual hable el mismo idioma”. Tremenda orientación. El problema es que el pueblo habla el idioma del arroz caro, el apagón de 14 horas y el salario pulverizado; mientras ellos dominan a la perfección el dialecto burocrático de la “implementación”, la “transformación” y el “control”. Son dos lenguas distintas viviendo bajo la misma bandera.

Lo más cómico del asunto son los numeritos. Ochenta y un objetivos específicos, 158 acciones previstas, 65 cumplidas, 49 en proceso. Una maravilla estadística. El gobierno cubano tiene una capacidad extraordinaria para convertir el fracaso en tabla Excel. No importa que el país esté fundido como una olla Reina sin fondo: mientras haya porcentajes, cronogramas y casillas marcadas, siempre parecerá que algo avanza.

Después apareció el ministro de Economía para informar una inflación interanual del 13.42 %. “Ligero repunte”, dicen. Qué ternura. Como si el cubano promedio no supiera de memoria que cada visita al agro es una experiencia cercana a un atraco a mano armada. Los productos agropecuarios subieron casi 32 % en el mercado no estatal, pero tranquilos todos: seguro eso también está contemplado dentro de alguna “necesaria transformación”.

En energía tampoco faltó la fantasía. Cinco parques solares aportando 58.74 MW y recuperación parcial de termoeléctricas. Lo anuncian con tal solemnidad que parece la llegada del hombre a Marte. Mientras tanto, medio país sigue cocinando con ansiedad, calculando cuándo se irá la corriente para poder cargar el móvil, bombear agua o simplemente no derretirse como helado barato.

Y por si fuera poco, aprobaron anteproyectos de leyes sobre trabajo, vivienda y reorganización del Estado. Es decir, más rediseño, más consultas, más reuniones, más correos electrónicos y más papeles circulando entre oficinas con aire acondicionado. Todo esto mientras Marrero descubre, como si fuese una revelación divina, que Cuba tiene demasiada burocracia. Qué momento histórico: el arquitecto del laberinto anunciando que el laberinto tiene demasiados pasillos.

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