
Descubren en El Salvador que la tierra fértil también sirve para producir alimentos
Por Yeison Derulo
Guantánamo.- El municipio de El Salvador acaba de descubrir, aparentemente, que tiene tierra fértil, agua y gente que siembra. Hallazgo histórico. Tras siglos de convivencia con esos pequeños detalles, un decreto del Consejo de Ministros vino a confirmar lo evidente: sí, allí se puede cultivar comida. Qué alivio. Menos mal que hicieron falta reuniones, documentos oficiales y una pila de firmas para concluir algo que probablemente cualquier guajiro del lugar sabía desde antes de aprender a caminar.
La selección de El Salvador como “pilotaje” suena tan sofisticada que uno casi imagina drones, laboratorios y científicos con batas blancas analizando un tomate. Pero no. La gran innovación consiste en notar que hay llanuras, agua almacenada y tierras donde entra un tractor sin quedarse enterrado hasta el timón. Es decir, descubrieron que el campo sirve para hacer cosas de campo. Revolucionario.
Ahora llegaron especialistas del Ministerio de la Agricultura a explicarles a los productores cómo sembrar, contratar cosechas y comercializar alimentos. Claro, durante décadas la gente había estado sembrando por puro hobby, como quien colecciona estampillas. Menos mal aterrizó la burocracia para enseñar el misterioso arte de vender lo que se cosecha y, de paso, acercarnos a esa eterna leyenda llamada “soberanía alimentaria”, que en Cuba suena más a mito urbano que a meta real.
También hubo una brillante revelación científica: no conviene sembrar frijoles todo el año porque hay plagas y enfermedades. Nobel inmediato para quien hizo semejante descubrimiento. Imagino a varios especialistas reunidos solemnemente alrededor de un saco de frijoles, concluyendo con gravedad que los bichos existen y hacen daño. La agricultura cubana, claramente, está entrando en su era de oro intelectual.
Para cerrar con broche épico, el objetivo supremo no es solo llenar mercados, placitas y puntos de venta, sino hasta legalizar carretoneros que venden productos de manera “ilícita”. Traducido al español de la calle: primero te ahogan con regulaciones absurdas, después te prometen dignificar lo que ellos mismos desorganizaron. Todo muy lógico. Si siguen a este ritmo, en unos años quizás descubran otra idea audaz: que la comida llega más fácil cuando dejas trabajar a la gente sin convertir cada libra de yuca en una tesis doctoral.






