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Por Eduardo González Rodríguez ()

Santa Clara.- Los protagonistas de cine de acción casi siempre son tipos golpeados por la vida: uno cometió un error en la guerra que le costó la sangre a sus amigos, a otro le secuestraron a la hija, al de más allá le asesinaron a la esposa y al de más acá no le alcanza el dinero para una cirugía de urgencia que podría salvar la vida de su niño.

En todos los casos, son gente buena, gente que comenzará a matar y a robar, no por debilidades humanas, si no por debilidades del sistema. Como es un cliché de manual que solo a los buenos le ocurren cosas malas, y como todos los seres humanos creemos que somos los buenos, los que tenemos la razón, los que hacemos lo correcto, los espectadores de esos filmes están garantizados.

A eso hay que sumarle que ya en los primeros cinco minutos de la película, uno se pone en el lugar del protagonista: «a esos hijoputas que mataron a tus amigos, a los que secuestraron a tu hija, a los que mataron a tu esposa y a los que les importa un bledo la cirugía de tu niño, vamos a meterles plomo desde la mañana hasta la noche».

¿No se han fijado que todos tenemos un equipo de pelota preferido? ¿O un equipo de fútbol? ¿Han notado que cuando el equipo que nos gusta gana el juego, no decimos «ganaron»? Decimos «¡ganamos!» y asumimos la victoria como propia.

Bueno, eso mismo pasa en las películas. Si el protagonista mata a diez o doce y logra vengarse, tenemos un subión de adrenalina. Y si al final, para rematar, el hombre está en el cementerio con un ramo de flores y dice, «ya puedes descansar, se hizo justicia», llegamos a la euforia.

La película es una mierda

Lo jodido es que no ganó el protagonista. Ganó el Sistema una vez más. La publicidad y el cine han encontrado, a lo largo del tiempo, una manera de hacerte sentir un héroe sin que tengas que moverte de la sala de tu casa. La justicia siempre triunfa en las películas y eso basta. Es suficiente saber que se habla de valor, heroísmo, honestidad y justicia, para creer que sí, que todavía hay esperanza.

Y con el paso del tiempo nos hemos convertido en perfectos héroes de butaca. Gente que espera sentada a que alguien haga por nosotros algo útil, justo, urgente y definitivo. Gente capaz de sensibilizarse con un secuestro de película, pero incapaz de lamentar tantos muchachos, presos, tanta miseria, tanta impunidad, tanto corte eléctrico, tanto humo y tanta indolencia.

Déjenme decirles que, mientras el protagonista del filme, el hijo enfermo, la secuestrada, los amigos muertos y los malos de la película devuelven las escopetas, las granadas, las pistolas y se quitan el maquillaje, hay una empresa millonaria que los financia porque la anestesia del entrenamiento en el siglo XXI vale más que el oro.

No basta ver la vida en la pantalla cuando la realidad nos tiene por el cuello, secuestrados, sin dinero para cirugías y agotados de casi todo lo que puede agotar a un ser humano. Creo que es hora de que nos preocupemos un poco más los unos por los otros. Al final, la solidaridad no es un delito y sí es una de las virtudes más elevadas de la condición humana.

P/D: Si al final de la película matan al protagonista, uno se para molesto del asiento y dice, «esa película es una mierda». Como si no nos estuvieran matando. Como si viviéramos en el paraíso. (Perdón por este texto)

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