Díaz-Canel inaugura la ruta nacional de la basura

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Por Oscar Durán

La Habana.- Hay que reconocerle algo a Miguel Díaz-Canel: es el presidente que más kilómetros ha caminado sin llegar a ninguna parte. Ahora apareció en Regla inspeccionando basura. La semana pasada estaba preocupado por los cadetes del Minint. Antes por los apagones. Antes por el transporte. Antes por la transformación digital. Antes por la agricultura. Si seguimos retrocediendo en el tiempo, probablemente lo encontremos supervisando el desembarco de Colón. Lo tienen de muñecón de carnaval, de aquí para allá, visitando cuanto problema existe en Cuba, aunque ninguno se resuelva.

Las imágenes son siempre las mismas. Díaz-Canel llega rodeado de funcionarios, escucha explicaciones, asiente con la cabeza, hace dos o tres preguntas y se marcha dejando una estela de optimismo burocrático, mientras Raúl Castro está viviendo su vida placenteramente y el Cangrejo recibe a congresistas Republicanos con langosta, camarones y whisky escocés. Como diría el difunto: «ahora mira este punto…»

Esta vez a Canel le tocó admirar montañas de cobre, aluminio y chatarra reciclable. Medio país reciclando velas para alumbrarse y ventiladores rotos para espantar el calor y Limonardo descubrió que la basura también puede generar ingresos. Tremendo hallazgo. Arquímedes acaba de revolcarse en su tumba.

Lo mejor del recorrido fue escuchar que los trabajadores están muy contentos porque ganan cuarenta mil pesos mensuales. Me imagino a Díaz-Canel regresando a Palacio convencido de que acaba de encontrar el paraíso laboral del Caribe. Afuera, mientras tanto, el cubano sigue calculando si compra un cartón de huevos o una libra de pollo.

En la Cuba de las visitas oficiales todo funciona de maravillas. Los salarios motivan, las plantillas están completas y los trabajadores sonríen como si vivieran en Suiza y no en un país donde el apagón puede llegar antes que el desayuno.

La obsesión gubernamental por convertir cada recorrido en una epopeya nacional ya resulta cómica. Ahora resulta que la salvación económica podría venir de una mejor organización de la basura. Hace unos meses eran los parques fotovoltaicos. Antes fueron las mipymes. Antes los polos científicos. Antes la tarea ordenamiento. Siempre aparece una nueva bala de plata. Lo único constante es que la crisis sigue ahí, esperando pacientemente la próxima visita presidencial para hacerse la sorprendida.

A estas alturas uno ya no sabe si Díaz-Canel gobierna o hace turismo institucional. Lo mismo aparece en una termoeléctrica que en una vaquería, en una fábrica de galletas o en un centro de reciclaje. Va, mira, pregunta, toma nota y sigue viaje.

Sin embargo, Cuba continúa acumulando apagones, escasez, inflación y desesperanza. Pero tranquilos, que la próxima semana habrá otro recorrido, otra explicación y otra foto. Si algo no falta en este país son los problemas… y las excursiones presidenciales para contemplarlos.

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