
La hoja de ruta después de la intervención: estabilización, mando y transición en Cuba
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Después de la operación militar -porque la habrá-, vendrá una etapa de estabilización, un proceso que tendría que organizarse con rapidez y con una cadena de mando clara que evite cualquier vacío de poder dentro del país.
En ese escenario, el embajador Mike Hammer asumiría el rol de articulador político en el terreno, conectando directamente con la realidad interna y con los actores dentro de la isla (remanente del régimen y oposición interna).
Al mismo tiempo, el componente militar quedaría bajo la dirección del Comando Sur, encabezado por el almirante Francis L. Donovan, encargado de garantizar el control operativo, la seguridad y la estabilidad territorial.
Desde Washington, el Departamento de Estado a través del área del hemisferio occidental liderada por Brian A. Nichols, marcaría la conducción política y la coordinación estratégica de todo el proceso.
Con ese respaldo, la oposición interna se convierte en la base más viable para conformar un gobierno de transición inicial, práctico, enfocado en sostener el funcionamiento del país, garantizar servicios básicos y preparar una apertura progresiva, comenzando por la liberación de los presos políticos.
Cuando existan las condiciones y la seguridad necesarias, el exilio comenzará a regresar y a integrarse al proceso. Pero lo que no se puede hacer es esperar por nada ni por nadie para iniciar el cambio en Cuba.






